El Banco Mundial lanza una iniciativa para medir el valor económico de los ecosistemas e incluirlo en la contabilización de la riqueza nacional

“Pintar de verde” las cuentas nacionales

araceli acosta / madrid

Día 28/10/2010 – 16.45h

Poner en valor la biodiversidad. Este es el trasfondo de la Cumbre de Diversidad Biológica que se está celebrando en Nagoya (Japón), pues sin conocer el valor de muchos ecosistemas es imposible involucrar en su protección a todos los actores implicados (gobiernos, empresas…) Desde hace tiempo expertos en la materia esperan que un enfoque diferente en la contabilidad del cálculo de la riqueza de las naciones, marque un punto de inflexión para el medio ambiente mundial.

El Banco Mundial ha dado un paso en este sentido y ha lanzado en la cumbre de Nagoya una alianza internacional, que lleva el nombre de “contabilidad ecológica o de la riqueza natural”, que pondrá a prueba este enfoque en algunos países, empezando por Colombia e Indi a. El objetivo es ayudar a los países a descubrir el verdadero valor económico de ecosistemas como los bosques y los arrecifes de coral, y usar esa información en sus planes económicos y en la formulación de políticas nacionales.

Según estimaciones del Banco Mundial, el valor económico de las tierras agrícolas, los bosques, los minerales y la energía en todo el planeta excede los 44.000 millones de dólares, de los cuales 29.000 millones corresponden a los países en desarrollo. Durante la presentación de la iniciativa en Nagoya, el presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, aseguró que “la riqueza de un país no debería ser solamente la medida de sus bienes explotables, sino que las cuentas nacionales deben reflejar los servicios vitales de almacenamiento de carbono que brindan los bosques, o el valor de protección de las costas que proviene de los arrecifes de coral y de los manglares. Estos servicios provistos por la naturaleza forman parte de la riqueza de una nación en la misma medida que su capital humano y de fabricación”.

Servicios vitales

Para lograr “integrar” esa contabilización ecológica en los países piloto, equipos de economistas y científicos del área de las ciencias naturales trabajarán juntos para medir el valor de los “servicios” de los ecosistemas, algunos de los cuales no son obvios desde una perspectiva científica o económica.

Por ejemplo, sólo un tercio del valor total de un bosque proviene de la madera, según varios estudios. Otro tanto se encuentra en los servicios que brinda (como la regulación hidrológica, la retención del suelo y la polinización), como hogar para las abejas y otros insectos. La tala de un bosque por su madera puede tener consecuencias negativas en otros sectores de la economía: pérdidas de productividad agrícola, de calidad del agua y de capacidad de energía hidroeléctrica, entre otros, según explica Glenn-Marie Lange, economista del Banco Mundial para Asuntos Ambientales.

Del mismo modo, los estudios han mostrado que la tala de bosques de manglares costeros para la acuicultura o el desarrollo comercial puede resultar en la pérdida de protección costera frente a las tormentas y dañar seriamente las poblaciones de peces.

Y es que, como dice Kirk Hamilton, economista principal del Grupo de Investigaciones sobre Economía del Banco Mundial, “una persona toma decisiones sobre el uso de los recursos sin entender el impacto que tendrá en otras partes de la economía”.

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