El Animal Humano : Los abrazos del chimpancé

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Por Pablo Jáuregui. Natura, octubre 2008

El abrazo es un lenguaje universal del ‘Homo sapiens’. No hace falta hablar árabe, chino o swahili para captar lo que están expresando dos individuos de estas diversas comunidades culturales cuando se muestran afecto con este gesto tan característico de nuestra especie. Al igual que la sonrisa, el llanto o el beso, un abrazo no necesita traducción alguna. Es uno de esos rasgos que trasciende las barreras lingüísticas de nuestra Torre de Babel y los muros de la incomprensión entre fronteras tribales. Hay múltiples variedades de abrazos: no es lo mismo la fusión erótica de dos amantes que el cariño entre un padre y un hijo o la camaradería entre dos viejos amigos que vuelven a encontrarse tras muchos años de ausencia. Pero todos ellos (al menos si surgen de un sentimiento genuino, sin máscaras fraudulentas ni engaños traicioneros) simbolizan el amor entre dos seres humanos.

Por eso resulta tan interesante, y conmovedor, un estudio que acaba de publicarse en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (‘PNAS’) sobre la importancia de los abrazos en las relaciones entre chimpancés. Según ha comprobado la primatóloga británica Orlaith Fraser en una investigación realizada en el Zoo de Chester (noroeste de Inglaterra), estos grandes simios recurren al lenguaje afectivo del abrazo para expresar su solidaridad y dar consuelo a un hermano maltratado. La doctora Fraser y sus colaboradores se pasaron 18 meses examinando el comportamiento de un grupo de 22 chimpancés adultos. El objetivo de la investigación era analizar a fondo lo que ocurría inmediatamente después de cada conflicto que surgía entre ellos, cuando se peleaban por comida, sexo o sencillamente porque dos de ellos querían sentarse en el mismo sitio.

El hallazgo más llamativo fue que en más de la mitad de los casos, el chimpancé que perdía una pelea, y en muchos casos acababa malherido, recibía en cuestión de segundos un afectuoso abrazo de otro miembro del grupo. Este gesto de cariño siempre lo ofrecía un individuo con el que la víctima mantenía una relación de especial amistad (es decir, su compañero favorito de juegos con el que habitualmente compartía comida). Además, los investigadores comprobaron que este abrazo solidario actuaba de inmediato como un calmante eficaz que reducía el estrés del chimpancé perdedor: en poco tiempo, su comportamiento pasaba de un nerviosismo evidente, delatado por el hecho de que se rascaba continuamente, a un estado emocional mucho más sosegado.

Para Fraser y sus colegas, todo esto sugiere que cuando un chimpancé acude a auxiliar a un colega maltratado, y lo consuela con un abrazo, probablemente actúa motivado por un sentimiento de empatía. En otras palabras, este gran simio también es capaz de reconocer el malestar en uno de sus hermanos y actuar de forma deliberada para aliviar su dolor. “La evidencia presentada en este estudio es poderosa, y sugiere claramente que el consuelo ofrecido por los chimpancés es una expresión de empatía”, opina el gran primatólogo holandés Frans de Waal. El abrazo, si esto es así, ya no puede considerarse un código afectivo que el animal humano posee en exclusiva para ofrecer cariño y consuelo, sino una expresión de fraternidad que compartimos con nuestros parientes más cercanos.

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