Comer carne ¿es sostenible?

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18/11/2004. (World Watch. Traducción de José Santamarta *).- Pregunte si comer carne es un asunto de preocupación pública y verá que la mayoría de las personas quedan sorprendidas. Comer o no carne (o cuánta) es un tema privado, dirán. Tal vez tiene algunas implicancias para su corazón, especialmente si usted tiene sobrepeso. Pero no es un tema público prominente que se espere que aborden los candidatos a la presidencia o al Congreso, como el terrorismo, la economía, la guerra, o el “œmedio ambiente”.

Pero hasta hace poco, pocos ecologistas han sugerido que comer carne tenga la misma importancia que los asuntos que abordan Amazon Watch, Conservation International, o Greenpeace. Sin embargo, a medida que avanzan las ciencias ambientales, es cada vez más evidente que el apetito humano de carne animal agrava la mayoría de los problemas ambientales, como la deforestación, la erosión, la escasez de agua potable, la contaminación atmosférica y del agua, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la injusticia social, la desestabilización de las comunidades y la extensión de las enfermedades.

¿Cómo es que un tema aparentemente pequeño como el consumo individual de carne ha pasado tan rápidamente de los márgenes de la discusión sobre la sostenibilidad al centro del debate? En primer lugar, porque el consumo de carne per cápita se ha más que duplicado en el último medio siglo, a pesar del aumento de la población mundial. Por consiguiente, la demanda de carne se ha multiplicado por cinco. Lo que ha aumentando la presión sobre la disponibilidad de agua, tierras, pastos, fertilizantes, energía, la capacidad de tratamiento de residuos (nitratos), y la mayor parte de los limitados recursos del planeta.

Los animales domésticos requieren de mucha más superficie que los cultivos para producir la misma cantidad de calorías, pero eso no importó realmente durante los 10 mil años en los que siempre hubo más tierras a descubrir o expropiar. En 1990, sin embargo, el programa de hambre en el mundo de la Brown University calculó que los cultivos mundiales, si fueran distribuidos equitativamente y sin destinar un porcentaje importante al ganado, podrían suministrar una dieta vegetariana a 6.000 millones de personas, mientras que una dieta abundante en carne, como la de los habitantes de los países ricos, podía alimentar tan sólo a 2.600 millones.

En otras palabras, con una población actual de 6.400 millones padecemos un déficit de tierras, agravado por la sobreexplotación pesquera de los océanos, que están siendo rápidamente esquilmados. A corto plazo la única manera de alimentar a toda la población mundial, si continuamos comiendo carne en el mismo porcentaje o si la población mundial continúa creciendo al ritmo previsto (8.900 millones en 2050), es talar más bosque. Desde ahora, la cuestión de si obtenemos nuestras proteínas y calorías de animales o plantas tiene implicaciones directas sobre la cantidad de bosque restante que tenemos que arrasar.

En Centroamérica, el 40 por ciento de las selvas tropicales ha sido talado o quemado en los pasados 40 años, principalmente para pastos de ganado vacuno para el mercado de exportación, a menudo para carne de las hamburguesas de Estados Unidos. La carne es demasiado cara para los pobres en los países exportadores de carne, pero sin embargo en muchos casos los pastos del ganado vacuno han sustituido a formas de agricultura tradicional muy productiva.

Ecosistemas devorados

Las praderas de la frontera oeste fueron el mayor ecosistema de Norteamérica. La destrucción de praderas se aceleró con la expansión de las manadas de animales domesticados, y el medio ambiente en el que vivían los animales salvajes como bisontes y antílopes fue pisoteado y replantado con monocultivos de plantas forrajeras para el ganado vacuno.

En una revisión de Richard Manning del libro de 1995 Grassland: The History, Biology, Politics, and Promise of the American Prairie de James Risser, ganador del Premio Pulitzer, éste observó: “œMuchos experimentan angustia ante la tala de los restos de bosque autóctono, para su sustitución por monocultivos de una sola especie. Pero pocos perciben, según Manning, que un campo de trigo dorado es la misma cosa, un monocultivo que ha sustituido a lo que una vez fue una pradera rica y diversa en especies”.

De otro lado, los informes del Center for Internacional Forestry Research señalan que el rápido crecimiento en las ventas de carne de res brasileña, ha acelerado la destrucción de la selva tropical de la Amazonia. “œEstán destruyendo la Amazonia para producir carne para hamburguesas”, asegura el director general del centro, David Kaimowitz.

Por otra parte, la solución a la destrucción de las praderas en África sería sustituir el ganado vacuno por especies autóctonas. Los antílopes, a diferencia del ganado vacuno, están adaptados a las regiones semiáridas. No necesitan caminar diariamente a los abrevaderos y por tanto causan menos pisoteo y compactación de la tierra.

El estiércol de los antílopes son pequeñas bolas secas, que conservan su nitrógeno y fertilizan la tierra eficientemente. Las vacas, por el contrario, producen grandes excrementos planos y húmedos, que se calientan y pierden rápidamente gran parte de su nitrógeno (en forma de amoníaco). Una granja experimental en Kenia tuvo un gran éxito económico, a la vez que restauró el ecosistema de la pradera.

Consumo de carne igual a mayor consumo de agua

El agua dulce, de la misma manera que la tierra, parecía inagotable durante los primeros 10 milenios de la civilización. Así que parece no importar cuánta agua consume una vaca. Pero hace algunos años, los expertos calcularon que los seres humanos consumimos la mitad del agua dulce disponible en el planeta, dejando la otra mitad a dividir entre un millón o más especies. Debido a que dependemos de muchas de esas especies para nuestra propia supervivencia (suministran todo el alimento que comemos y el oxígeno que respiramos, entre otros servicios), ese acaparamiento del agua plantea un dilema.

Si lo analizamos en detalle, especie por especie, descubrimos que el uso del agua más importante se debe a los animales que criamos para carne. Una de las maneras más fáciles para reducir la demanda de agua es consumir menos carne.

Según Richard H Schwartz, de Judaism and Vegetarianism, la dieta usual de una persona en Estados Unidos requiere 16.000 litros de agua por día (para dar de beber a los animales, irrigar los cultivos, procesar, lavar y cocinar, entre otros usos). Una persona con una dieta vegetariana requiere solamente 1.100 litros diarios.

Un informe del Instituto Internacional de Gestión del Agua, tras señalar que 840 millones de personas en el mundo sufren desnutrición, recomienda producir más alimentos con menos agua. El informe destaca que se requieren 550 litros de agua para producir suficiente harina para una ración de pan en los países en desarrollo”¦ pero hasta 7.000 litros de agua para producir 100 gramos de carne de res.

Si se ducha una vez al día, y cada ducha dura un promedio de siete minutos, a razón de 8 litros por minuto, usará 19.300 litros al año para ducharse todos los días. Cuando compara esa cifra, con la cantidad que la Fundación para la Educación del Agua calcula que se usa en la producción de cada kilo de carne de res (20.515 litros), se dará cuenta de algo extraordinario.

Hoy usted podría ahorrar más agua no comiendo un kilo de carne que dejando de ducharse durante un año completo.

Contaminación de la industria cárnica

El vertido de residuos, de la misma manera que la oferta de agua, parecía que no tenía límites. Siempre había nuevos lugares donde arrojar la basura, y durante siglos la mayor parte de los deshechos se descompusieron convenientemente o desaparecieron de la vista. Igual que no nos preocupó cuánta agua consumía una vaca, tampoco cuánto excretó. Pero hoy, los residuos de nuestros colosales establos superan la capacidad de absorción del planeta.

Los ríos que llevan residuos ganaderos vierten tal cantidad de nitrógeno en bahías y golfos que ya han contaminado grandes áreas del mundo marino. La manera más fácil de reducir la cantidad de residuos que lleva el Mississippí, ocasionando la muerte del Golfo de México, es comer menos carne, reduciendo el tamaño de los rebaños río arriba, en Iowa o Missouri.

El Natural Resources Defense Council revela que las enormes granjas de ganado, que pueden alojar a cientos de miles de cerdos, pollos, o vacas, producen cantidades inmensas de residuos. A decir verdad, en Estados Unidos, estas “œFábricas de Ganado” generan 130 veces más residuos que toda la población.

Según la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, los residuos ganaderos han contaminado más de 40.000 kilómetros de ríos y las aguas subterráneas en docenas de estados.

Igualmente los nutrientes de los residuos ganaderos provocan las floraciones de algas, que consumen el oxígeno del agua, contribuyendo a crear una “œzona muerta” en el Golfo de México donde no hay suficientemente oxígeno para permitir la vida acuática. La zona muerta afectó a más de 20.000 kilómetros cuadrados durante el verano de 1999.

Demasiada energía para producir un filete

El consumo de energía, hasta hace muy poco, parecía un asunto de los frigoríficos, que nada tenía que ver con la carne y la leche de su interior.

Pero cuando prestamos más atención al análisis del ciclo de vida de los objetos que compramos, es evidente que el viaje del filete hasta llegar a nuestra nevera consumió cantidades sorprendentes de energía.

Podemos empezar el ciclo con el cultivo de los cereales para alimentar al ganado vacuno, que requiere grandes cantidades de productos químicos agrícolas derivados del petróleo. Posteriormente hay que añadir el combustible requerido para transportar el ganado vacuno a los mataderos, y desde allí a los mercados.

Hoy, la mayor parte de la carne consumida recorre miles de kilómetros. Y luego, después de ser congelada o puesta en el frigorífico, tiene que ser cocinada.

Se requieren 8,3 litros de gasolina para producir un kilo de carne de res alimentada con pienso en Estados Unidos. Parte de la energía se consumió en el establo, o en el transporte y almacenamiento frigorífico, pero la mayor parte se fue en fertilizantes del maíz y la soja del pienso con el que se alimentan las cabezas de ganado. El consumo medio anual de carne de res de una familia estadounidense de cuatro personas requiere 983 litros de petróleo.

David Pimentel, investigador de la Cornell University, concluye que, por término medio, se requieren 28 calorías de energía de combustibles fósiles para producir 1 caloría de proteína de carne para el consumo humano, mientras que hacen falta solamente 3,3 calorías de energía de combustibles fósiles para producir 1 caloría de proteína de cereales para el consumo humano.

*Resumen del artículo. Para ver la totalidad del mismo, publicado en la Revista World Watch nº 22, dirigirse a la siguiente web: http://www.nodo50.org/worldwatch/

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