Ciencia marina a la deriva respecto al cambio climático

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El huracán Iván, que alcanzó en 2004 vientos de 215 km por hora.
(Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional)

GIJÓN, España, mayo 2008 (Tierramérica), Por Stephen Leahy – La ciencia no consigue acompasarse a la multiplicidad de alteraciones que sufren los océanos por cuenta del cambio climático, y por tanto no hay una comprensión clara de sus impactos actuales y futuros, advierten investigadores.

El aumento del nivel y temperatura del mar, las modificaciones en la intensidad y estacionalidad de los huracanes y la desaparición de peces y corales son apenas algunas alteraciones atribuidas al cambio climático.

Para intentar poner orden en los desconcertantes hallazgos, más de 450 científicos de unos 60 países se reunieron entre el 19 y el 23 de este mes en el primer simposio internacional “Efectos del cambio climático sobre los océanos del mundo”, en la norteña ciudad española de Gijón.

Se mire donde se mire, los cambios son evidentes. Más allá de los obvios, hay una reducción de la productividad oceánica, lo que significa que muchas áreas marinas no son ya capaces de dar sustento a tantos peces como antes, dijo a Tierramérica el experto mundial en plancton Luis Valdés, uno de los organizadores del encuentro.

Así, las especies se trasladan a nuevas regiones en respuesta al calentamiento de su hábitat, agregó Valdés, del Instituto Español de Oceanografía.

“En las aguas de la bahía de Vizcaya estamos viendo especies tropicales que nunca antes habíamos visto”, ilustró Valdés.

Tales cambios de los ecosistemas marinos entrañan consecuencias desconocidas y hacen más urgente la observación de lo que ocurre en los océanos.

La ciencia oceánica está muy rezagada respecto de la atmosférica, sobre todo por falta de financiamiento. Hay pocas mediciones sobre las condiciones marinas con datos de más de 20 años, y la mayor parte de la información es sobre una pequeña proporción de los océanos, dijo Valdés.

“¿Acaso pescaremos menos sardinas y anchoas en el futuro cercano? No lo sé, porque no tenemos la información, pero parece probable”, expresó.

Valdés espera que con acciones como este simposio, políticos y funcionarios dispongan de fondos para un control permanente de los océanos que permita a los científicos detectar cambios y formular recomendaciones fundadas.

Por algo “la Comisión Europea –órgano ejecutivo de la Unión Europea– calificó esta reunión como la más importante del año en este continente”, dijo Valdés.

Algunas modificaciones son más fáciles de identificar. Por ejemplo, el constante aumento de las temperaturas superficiales del agua del mar Caribe.

Casi todos los meses durante los últimos 20 años, investigadores del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Puerto Rico (UPR) han medido la temperatura y salinidad de las aguas superficiales del Caribe.

En ese lapso detectaron un claro aumento de la temperatura, pese a las variaciones atribuidas a las estaciones y a fenómenos periódicos como El Niño, dijo Jorge Corredor, de la UPR, quien presentó estos descubrimientos en el simposio.

De mantenerse el ritmo actual de calentamiento, la temperatura anual promedio estará en poco tiempo por encima de los 27,4 grados, el umbral para la formación de huracanes. En tres o cuatro décadas, podrían formarse tormentas tropicales en cualquier momento del año.”Ya no habrá una temporada anual de huracanes. En Puerto Rico esto es de gran importancia”, señaló Corredor a Tierramérica.

El agua cálida es uno de los factores que inciden en la formación de huracanes, advirtió Corredor. Otras investigaciones sugieren que el cambio climático no aumentará la cantidad total de tormentas tropicales en la región. Pero es muy probable que eleve el número de huracanes de gran potencia, añadió.

La investigación de la UPR señala que, en el futuro, las temperaturas estivales serán demasiado altas para los corales, lo que supondrá un riesgo significativo para su supervivencia.

Un nuevo problema es la creciente acidez de los océanos, detectado hace menos de cuatro años. Las emisiones de dióxido de carbono liberadas por la combustión de hidrocarburos vuelven más ácida la superficie marina.

Esto también daña los corales, el plancton y otras especies. La acidificación tiene potencial para convertir en ruinas los arrecifes de coral en apenas unas décadas y para debilitar toda la cadena alimentaria marina.

Se necesita investigar mucho más para identificar y definir mejor estos impactos, dijo Valdés.

Más recientes aun son las evidencias de que el océano Antártico está perdiendo capacidad de absorber dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Apenas un año atrás, Corinne Le Quéré, de la británica Universidad de Anglia Oriental, sostuvo que, según sus investigaciones, el océano Antártico estaba absorbiendo menos dióxido de carbono y parecía llegar a su punto de saturación.

Los mares absorben y guardan en sus profundidades la mitad de todas las emisiones humanas de carbono.

El anuncio de Le Quéré generó mucho debate. El martes 20, aseguró ante el simposio contar con nuevas evidencias que lo avalan. De hecho, hay señales de que lo mismo estaría pasando en otros mares. “Parece haber un debilitamiento general de los océanos como sumideros de carbono”, señaló.

Aunque todavía hay incertidumbre, parece que en la atmósfera queda más dióxido de carbono de lo esperado, un extremo no considerado en ninguna de las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que posiblemente subestimó el ritmo en que aumentará la concentración de ese gas.

Le Quéré exhibió una proyección del IPCC de fines de los años 90 que subestimó el aumento real de dióxido de carbono experimentado en los últimos años.

En vez de considerar que la labor del IPCC culminó con el premio Nobel de la Paz en 2007, hay que acelerar los esfuerzos para comprender qué está pasando con los sumideros de carbono, opinó.

Valdés insistió en que los océanos y el clima cambian y aún no entendemos cómo. “La pregunta clave que intentamos responder es qué clase de mundo heredarán nuestros hijos”, concluyó.

El ocaso de los corales

GIJÓN, España, 22 may (IPS) – Los corales serán los primeros ecosistemas en colapsar en esta era histórica a causa del cambio climático, según investigadores reunidos en una conferencia científica que concluirá este viernes en la septentrional ciudad española de Gijón.

El recalentamiento planetario eleva la temperatura de los océanos y los vuelve más ácidos, lo cual los torna inhabitables para los corales y otras especies marinas. No son los únicos ecosistemas en riesgo: otros regiones son afectados ahora.

Aguas ácidas o corrosivas han sido detectadas por primera vez en la plataforma continental de la costa oeste de América del Norte, lo cual representa una seria amenaza para las reservas pesqueras, dijo en Gijón el oceanógrafo Richard Feely, de la Dirección Nacional del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos.

Más de 450 científicos de unos 60 países participan desde el lunes en el simposio “Efectos del cambio climático sobre los océanos del mundo”. Los informes al respecto se conocieron en vísperas de este jueves, Día Mundial de la Biodiversidad. “Las aguas superficiales de la costa de San Francisco tienen concentraciones de dióxido de carbono que no esperábamos ver por lo menos en otros 100 años”, dijo Feely a IPS.

Durante cientos de miles de años, los niveles de dióxido de carbono en el océano y en la atmósfera se mantuvieron estables, pero en los últimos 150 años la quema de combustibles fósiles y la deforestación elevaron la presencia del gas en la atmósfera.

Los océanos absorbieron un tercio –alrededor de 130.000 millones de toneladas– de esas emisiones humanas, lo cual elevó su acidez 30 por ciento. Eso sucede porque las moléculas de ese dióxido de carbono extra forman ácido carbónico al unirse a iones de carbonato en el agua marina.

Cada día, los océanos absorben 30 millones de toneladas de dióxido de carbono, aumentando gradual e inevitablemente su acidez y dejando menos carbonato de calcio en el agua para que corales y otras especies, como el fitoplancton, crezcan o mantengan sus esqueletos.

En la costa oeste de América del Norte, las aguas oceánicas más profundas fluyen normalmente hacia la plataforma continental, en primavera y verano.

El verano boreal pasado, Feely y sus colegas tomaron muestras de agua en la costa, desde Canadá hasta México. Para su sorpresa, hallaron grandes “piletas” o “bancos” de agua corrosiva.

Estos contingentes de aguas profundas han estado absorbiendo dióxido de carbono por miles de años, y normalmente son más ácidas, pero los niveles hallados fueron mucho más elevados y mucho más cercanos a la costa de lo previsto.

Ésta es la primera evidencia de que un gran sector de la costa oeste norteamericana es impactado por la acidificación oceánica, guiada por el cambio climático, escribieron Feely y sus colegas en su documento publicado el jueves en la revista científica Science.

“Otras regiones de plataformas continentales también pueden ser impactadas”, señalaron.

En efecto, Feely dijo a IPS que hay evidencia de que el mismo proceso ocurre a lo lago de la costa oeste de América del Sur.

“Hay impactos probablemente enormes, pero éste es nuevo y nadie lo ha observado todavía”, agregó.

Las plataformas continentales figuran entre las regiones oceánicas más productivas, y las más fáciles para pescar. Los muy pocos estudios que analizan el efecto de la acidificación de los océanos concluyeron que muchas especies no pueden sobrevivir a estas nuevas condiciones.

La variedad de estrella de mar Ophiopteris papillosa, (conocida por su nombre en inglés, “brittlestar”) muere en ocho días, y algunas almejas jóvenes no pueden formar sus conchas cuando se duplican los niveles de dióxido de carbono, explicó Feely.

En el verano boreal pasado, en parte de las aguas superficiales se triplicó el nivel normal de dióxido de carbono.

No hay ninguna información sobre la respuesta del ecosistema marino ante la traslación de estas “piletas” de agua corrosiva de un punto del océano a otro.

“¿Acaso se dan cuenta especies como los moluscos pterópodos si sus delgadas caparazones se están disolviendo para así salirse del camino?”, preguntó.

Esa es una pregunta importante para especies como el salmón: los pterópodos constituyen hasta 60 por ciento de su dieta.

El aumento de temperatura y la acidificación ponen en gran riesgo a uno de los ecosistemas clave del planeta, advirtió Feely. “Éste es un umbral biológico muy real, más allá del cual las especies simplemente dejarán de existir”, señaló.

Los arrecifes de coral sostienen a entre 25 y 33 por ciento de las criaturas vivientes de los océanos. Alrededor de 1.000 millones de personas dependen directa e indirectamente de ellos para ganarse la vida.

Los pájaros acuáticos y muchas especies de pescados serán afectados por la pérdida de arrecifes, dijo el científico marino Ove Hoegh-Guldberg, del Centro para los Estudios Marinos de la australiana Universidad de Queensland.

Cuando el dióxido de carbono en la atmósfera alcance una concentración de 450 a 500 partes por millón, la mayor parte de los océanos será demasiado ácida para que los corales crezcan.

Temperaturas oceánicas de apenas uno o dos grados por encima de lo normal no sólo pueden decolorar los corales, sino también volverlos vulnerables a niveles de acidificación incluso más bajos, dijo Hoegh-Guldberg, quien asistió a la reunión de Gijón.

La concentración de dióxido de carbono es hoy de 384 partes por millón, y aumenta muy rápidamente. Mientras, las emisiones de casi todos los países continúan incrementándose.

Y, lo que es peor, nuevas investigaciones también presentadas en Gijón sugieren que los propios océanos ya no absorben tanto dióxido de carbono como antes. Estabilizar la concentración atmosférica de ese gas en menos de 450 partes por millón ahora parece imposible.

“Estamos presenciando el fin de los corales como una característica importante de los océanos”, dijo a IPS Hoegh-Guldberg.

La tenue esperanza para los corales es que el mundo se dé cuenta de que el cambio climático es “una emergencia en rojo”, así como reducir las emisiones de carbono a cero y comenzar a disminuir las concentraciones en la atmósfera, añadió.

“De otro modo, en 30 años los corales serán tan delgados y frágiles que cuando uno respire sobre ellos se caerán”, pronosticó. (FIN/2008)

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