Actitud de Francisco de Asís con la Naturaleza

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Valentín Redondo
Franciscano conventual

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La actitud fraterna de Francisco ante el hombre y los seres de la naturaleza nace y se fundamenta en una raíz y sensibilidad religiosa profunda, que le lleva a una comunión intensa con las criaturas, comprendiendo que todos los seres son hermanas y hermanos nacidos del mismo amor creador. Si Dios es Creador y Padre, cada uno de nosotros somos hermanos de cada ser que hay en la creación.
Los ecologistas ven en Francisco un modelo de solidaridad con la naturaleza. Los cristianos ven en él a un testigo de la fe que ha sabido vivir con autenticidad la actitud cristiana de acercamiento fraterno con todo lo creado.

Fundamental la conversión, el cambio de corazón

Para comprender la relación que Francisco mantiene con la naturaleza, hemos de adentrarnos en su conversión, un largo camino de encuentros nuevos con los hombres y mujeres, y la naturaleza en general, en los que manifiesta un respeto y cuidado por cada ser y cada cosa y una mirada nueva que invita a amar y respetar.
El modo de ser de Francisco de Asís es estar con las cosas, porque las cosas no están abandonadas una al lado de la otra, sino que son animadas y personalizadas, tienen lazos de consanguinidad con el hombre, conviven en el mismo espacio. Para Francisco es importante el saber estar con ellas, porque considera de sobresaliente el no tener -no tener ni posesión ni dominio-, mientras que subraya el ser, el amar y el querer las cosas por lo que son, por lo que cada una de ellas es y no por lo que tienen.

Francisco confraterniza con las criaturas

Francisco no se sirve de las criaturas, no las usa, no entona su himno a través de ellas, sino que canta con ellas. De ahí que muy bien dice de él San Buenaventura en su Leyenda Mayor: “œLas hermanas aves alaban al Creador. Pongámonos en medio de ellas y cantemos también nosotros al Señor, recitando sus alabanzas y las horas canónicas”.
Francisco no realiza su canto, sino que se une al coro de las criaturas para entonar el cántico con todas ellas y con ellas dedicárselo al Señor.
A través de cada una de las estrofas, Francisco va logrando la reconciliación con cada ser, que en el Cántico de las Criaturas es con toda la creación, hasta con lo que tenemos como negativo, la muerte.

Esto nos permite encontrar en Francisco una ternura muy especial, que a San Buenaventura le hace decir de Francisco que “œpor la reconciliación universal con cada una de las criaturas, lo retornaba al estado de inocencia”.
La relación de subyugación que sufre la naturaleza con el hombre de hoy, no ayuda a mejorar las relaciones del hombre con su semejante. Todo lo contrario, crea grandes abismos de separación y distancia entre ellos mismos: grandes bolsas de pobreza, mayor número de esclavos infantiles, mercado negro, mercado del sexo, injusticia en general”¦

Crecer en sensibilidad fraterna

Necesitamos no sólo hacer un guiño a la persona de Francisco de Asís, sino confrontarnos con su sensibilidad, para convertir el “œPedro de Bernardone” que cada uno de nosotros llevamos dentro: deseos de poder, de riqueza, de tener”¦, en el “œFrancisco” que subyace en nuestro subconsciente, y así poder llegar a la relación fraternal con todas las cosas al estilo de Francisco.
El mensaje que Francisco deja al hombre contemporáneo es su respeto y amor por la creación: potenciando el ser, la fraternidad y la desapropiación, renovando la sensibilidad humano-religiosa que en Francisco tuvo una altura singular desde su conversión a Dios, pero también a los hermanos y hermanas, hombres y naturaleza.

Retos

“˜La civilización de la abundancia”™ ha creado, entre el hombre y la naturaleza, una relación de posesión, de dominio, más que de comunión y cercanía. Francisco nos insta a saber estar con las cosas y manejar el arte de tratar a los seres y a las cosas.
La civilización del tener ha cambiado la cultura del ser y la misma existencia humana. Nuestra relación con el mundo es de posesión y de propiedad más que de simpatía y de contemplación. Por lo que Francisco nos exige, si queremos compartir fraternalmente con las cosas y los seres de la creación, levantar la voz contra toda explotación que destruya, dañe y empobrezca nuestro planeta; pero también promover entre los hombres el estilo de sobriedad y el progreso sostenible, indispensable para no empobrecer irremediablemente nuestro planeta.
Necesitamos redescubrir nuestra conciencia acústica, pues la naturaleza entera habla, y es conveniente percibir su resonancia y su mensaje. Sólo una buena cultura ecológica, basada en el amor y respeto por las cosas, pasando de la posesión y explotación egoísta de la naturaleza a la promoción de la calidad de vida para todos, nos permitirá un encuentro fraterno al estilo de Francisco de Asís.

La Iglesia

La Iglesia, Jerarquía y Pueblo de Dios, uniendo esfuerzos, conocimientos y sentimientos, tiene muchas cartas que jugar a favor de la ecología y el respeto y amor por la naturaleza, como son: la abundante riqueza de signos, gestos y referencias ecológicas que aparecen en el Antiguo y el Nuevo Testamento; la armoniosa coordinación que muchos de sus hijos han sabido trazar entre ciencia y religión, como un San Alberto Magno, Rogelio Bacon, Teilhard de Chardin, así como el testimonio evangélico de muchos cristianos”¦; y la figura entrañable de Francisco de Asís, que siendo el hermano de todo lo creado, ha sabido ser un varón católico y apostólico.

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