Intervención de Carlos de Prada, periodista, en la Mesa “œReligiones y Ecología” del CONAMA8

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Los problemas ecológicos que aquejan a nuestro planeta son tantos y de tal gravedad que todas las iniciativas que puedan llevarse adelante son pocas.

Uno de los campos en los que menos se ha incidido es precisamente el que tiene que ver con la religión, a pesar del peso que en la conciencia moral de muchas personas tienen sus creencias y el peso que en los cambios históricos han tenido estas con frecuencia.

Estoy convencido, por otro lado, que es precisamente el ámbito de la espiritualidad uno de los que más cambios reales podrían generar a favor del medio ambiente. En definitiva, todas las medidas que suelen tomarse más usualmente pueden ser buenas (medidas políticas, legales, empresariales,…) pero es probable que muchas de ellas adolezcan de un error filosófico de planteamiento, ya que en definitiva es probable que actúen más sobre los efectos que sobre las causas que, para bien o para mal, están en lo más profundo del ser de las personas , en su espíritu.

Esa transformación de lo más profundo de las personas puede conseguirse por diversos medios, pero históricamente ha sido precisamente la religión uno de los ámbitos que más han tenido que ver con eso.

De otro lado, si hacemos un repaso de la Historia de Occidente, podremos comprobar como el paso del teocentrismo al antropocentrismo, y después del culto a Dios al culto a la Diosa Razón, tuvo que ver con la irrupción de la revolución industrial y el surgimiento de tendencias como el capitalismo, el comunismo, el mercantilismo, el desarrollo de un poder tecnológico que no ha estado sometido a cuestiones morales,… y demás factores que han venido de la mano con la devastación masiva de la Naturaleza.

Esto es, que al margen de que juzguemos si la situación anterior era mejor o peor atendiendo a una serie de criterios de pensamiento, sociales, de progreso,… etc., es evidente que la desespiritualización de Occidente, el arrinconamiento de la espiritualidad en aras del culto a la ciencia, a la tecnología o a la economía, ha venido de la mano con una intensificación en la destrucción de la Naturaleza. Que la desespiritualización ha sido, en buena medida también, una desnaturalización. La cosa podrá matizarse más o menos, pero el hecho objetivo -basta ver el planeta- es ese.

Ante la realidad descrita, es lógico pensar que una re-espiritualización acaso podría tener que ver también con una re-naturalización. Y, de hecho, basta pensarlo un poco, para ver que sería así. Ya que el culto a los objetos materiales, el consumismo desaforado, y demás cosas que caracterizan a nuestra cosmovisión ultramaterialista – o más bien cosmoceguera, ya que no parece considerar la Naturaleza-, es evidentemente podría verse algo atemperada si fuésemos más espirituales.

Aunque hoy en día plantear tal tipo de cosas en ciertos ámbitos pueda sonar como algo arcaico y superado e incluso como algo ridículo. Acaso por que en los tiempos que corren es probable que se hallan vuelto las tornas, y ya no sean los “Galileos” sino los hombres espirituales los que puedan sentirse acorralados ante el peso de una nueva religión ultra materialista y racionalista.

Además, y sin salirnos del ámbito occidental, y a pesar de que ciertas interpretaciones poco fundadas puedan tener otra opinión, la religión cristiana es, en el fondo, una religión con unos tintes enormemente ecológicos. No hace falta, para verlo, leer las declaraciones de papas como Juan Pablo II o Benedicto XVI ni otro tipo de declaraciones institucionales de la iglesia. Ni siquiera apelar a Francisco de Asís. Ni tampoco ver donde están la mayor parte de los monasterios o santuarios (casi siempre en lugares excepcionales de la Naturaleza).Ni en fin, tantas otras cosas.

Por que, en realidad, es desde los mismos cimientos bíblicos, donde reiteradamente se está viendo a un Dios que habla en la Naturaleza, que se manifiesta en ella, que vela por la conservación de todos los seres,… Un Dios viviente, presente en todos los vivientes. Y en los ríos, las montañas, la tierra, las estrellas,…

¿Cuál es el motivo por el que siendo así no se halla dejado sentir más la huella de los cristianos, como tales, y desde la espiritualidad y no otro desde otro de argumentos?
Creo que una causa puede ser el acobardamiento de los hombres espirituales en un mundo como el actual donde hay una tiranía de lo hiperracionalista, lo utilitario, lo mercantil,…. y donde es fácil acomplejarse y esgrimir solo los argumentos más comúnmente utilizados.

Otra puede ser cierta desorientación dentro de la propia Iglesia, en la que cabría hacer grandes esfuerzos para que se involucrara más en estas cuestiones “desde ámbitos teológicos, como un mayor desarrollo de una Teología de la Creación, hasta la adopción de medidas concretas diversas-, de modo que la Naturaleza estuviera tan presente para los fieles de hoy, al menos como lo está en la propia Biblia.

Y sobre todo, consiguiendo que se clarificase más el compromiso cristiano en el que es, sin duda, uno de los mayores retos que afronta la Humanidad.

Y ello, reitero, sin complejos, ya que el ámbito de la espiritualidad no es, al menos según yo lo veo, un ámbito de tantos, sino uno de los que más profundos, reales y duraderos efectos podrían tener en este tema.

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