Una finca cinegética, el mejor lugar de cría del águila imperial

Gestión modélica de la tierra
Finca Las Ensanchas (Ciudad Real)
Natura, Miguel G. Corral- 10 febrero 2007

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Doña Patricia Maldonado en Las Ensanchas

Las perdices corretean en bandos con la cabeza erguida por delante del coche. Los conejos salen por decenas a buscarte al camino como si sintieran curiosidad por ver quién se acerca. La pista conduce desde la carretera que va de Torrenueva a Cózar, en la provincia de Ciudad Real, hasta la finca Las Ensanchas. De repente, una enorme envergadura levanta el vuelo desde una encina cercana. Patricia Maldonado, propietaria de la finca y apasionada por la observación de aves, detiene el coche y se arma con los prismáticos que lleva colgados al cuello. “Mira, un joven de águila imperial. ¿Ves qué rubias tiene aún las plumas?”.

En Las Ensanchas se hace cada año una montería de jabalí, dos cacerías y media de perdiz roja y muchas de conejo a lo largo de la temporada. De esta manera, “en los años buenos se rentabiliza la conservación de la finca”, asegura la propietaria. Sin embargo, al nido de águila imperial (‘Aquila adalberti’) que descansa en la sierra que encierra la propiedad no parece importarle demasiado. Este año ha criado a tres polluelos de la rapaz más amenazada de la península.

Aparente descuido

Patricia Maldonado no tiene la menor duda de que la buena salud del nido de esta pareja reproductora se debe en gran medida a la abundancia de conejo que tiene su propiedad. “Los agricultores se escandalizan cuando ven esta finca. Hay parcelas que no se cultivan en cinco temporadas y los olivares no están arados, tienen malas hierbas por debajo. Algunos años el grano no se recoge para que sirva de alimento a las perdices y los conejos”, dice. “Además, dejo siempre alrededor de los cultivos unos metros de terreno para que crezca la hierba y haya insectos. Las perdices sólo comen insectos durante sus primeras semanas de vida”.

Pero éstas no son las únicas actuaciones de gestión del territorio que se están llevando a cabo en Las Ensanchas. El territorio entero está ordenado en parcelas con diferentes usos, pensados para dar alimento, refugio y zonas de cría a conejos y perdices. Los cultivos se mezclan con las manchas de monte y las dehesas se alternan con los olivares. Las repoblaciones con especies autóctonas -financiadas por la Unión Europea- se disponen en franjas estrechas y alargadas que sirven para unir los microecosistemas y que los animales puedan moverse por el territorio sin quedar desprotegidos.

“Mis vecinos juntan toda la repoblación en un mismo sitio porque te obligan a tenerlo arado y así es más cómodo, no hay que desplazar la maquinaria de un sitio a otro”, afirma Patricia Maldonado. “Yo, en cambio, repueblo franjas alargadas y las reparto por toda la finca para unir parcelas. Parece una tontería, pero es la diferencia entre hacerlo bien o mal”.

Durante el paseo, Patricia va señalando cada uno de los bebederos que tiene repartidos por todo el territorio. El agua con la que se rellenan los depósitos que alimentan los bebederos “está tratada para evitar que se eche a perder en poco tiempo”, recuerda, y se trae en cubas que sirven para repartirla por todos los puntos de agua. Pero la finca, aunque apenas ha llovido desde la primavera pasada, también tiene algunas charcas naturales y otras que se llenan con agua que proviene de pozos impulsados con energía solar.

Al llegar a una de estas pequeñas lagunas, Patricia señala sonriente un árbol seco. “En la mayoría de las fincas los árboles muertos se cortan porque hace feo. Yo los dejo porque también tienen su función ecológica, no sólo para insectos y aves que anidan en ellos. Ese que ves ahí es un posadero de la imperial. Bajo él está todo lleno de huesecitos y pieles de conejo”.

La finca de Las Ensanchas, que ocupa una superficie de 2.000 hectáreas, es uno de los principales lugares de alimentación de ejemplares juveniles de águila imperial de la mitad sur de España. “A los ocho meses de edad los padres expulsan a los jóvenes del nido y los obligan a buscar alimento fuera de la zona que ellos mismos ocupan. En esta zona de Ciudad Real se alimentan los ejemplares jóvenes anillados en Doñana”, dice Beatriz Sánchez, del Programa de Conservación del águila imperial ibérica de SEO/Birdlife.

La construcción de majanos para que los conejos hagan sus galerías y puedan criar es una de las actuaciones que convierten Las Ensanchas en uno de los santuarios del águila imperial. Patricia Maldonado cubre con tierra los escombros que generan las obras de mejora de los edificios de la finca y espera un año entero a que se endurezca la tierra después de las lluvias. “¿Ves ese montón de ahí? El año que viene estará lleno de bocas hechas por los conejos. Igual que lo están ahora los que hicimos el año pasado”, asegura. Pero el último orgullo de la propietaria son los ‘beetle banks’ (‘terraplén de escarabajos’), unas formaciones que recorren las lindes de los cultivos y que alternan repoblaciones de acebuches, coscojas y retamas, refugios para perdices sobre tierras en las que crecen hierbas anuales y caballones o montículos de tierra entre dos surcos que sirven de refugio a la caza menor.

Estas medidas de gestión del territorio -ya probadas en Ciudad Real por Tom Gullick, uno de los mayores expertos mundiales en estas actuaciones- han conseguido excelentes resultados en las poblaciones de conejo y de perdiz roja, y también para las de águila imperial, cuyo alimento principal es el conejo.

Sin embargo, los propietarios se quejan de la falta de apoyo económico que tienen por parte de la Administración Pública española estas iniciativas privadas destinadas a preservar nuestra biodiversidad.

“Las únicas ayudas que recibimos provienen de Europa”, asegura la propietaria de Las Ensanchas. “La PAC [Política Agraria Común] subvenciona el cultivo de cereal y olivo y las ayudas que recibimos por cuidar el águila imperial vienen, a través de la Fundación CBD Hábitat, de un proyecto LIFE, también financiado por la UE”.

Patricia Maldonado está convencida de que con los fondos que se destinan a subvencionar cultivos que no tienen valor se podría potenciar el desarrollo rural de zonas con un gran importancia ambiental. A pesar de todo, en Las Ensanchas todavía se puede ver criar a las águilas imperiales.

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