Un sueño del hombre blanco

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Por Anuradha Mittal

OAKLAND, Estados Unidos, 30 mar 2009 (Tierramérica).- El aumento del hambre en el mundo se ha convertido en herramienta de la industria biotecnológica en busca de respaldo para los cultivos transgénicos.

La táctica de “maquillaje verde”, según la cual la biotecnología es amistosa con el ambiente y ayudará a contrarrestar el cambio climático, y la de “maquillaje pobre”, que incita a aceptar la ingeniería genética para incrementar la producción y mejorar la vida de los campesinos, han obtenido el favor de ciertos descaminados medios filantrópicos. Por ejemplo, la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA), dirigida por la Fundación Bill y Melinda Gates, aspira a convertirse en vehículo institucional clave para cambiar la agricultura africana.

Pero en su entusiasmo por ayudar a los africanos a alimentarse gracias a un paquete tecnológico de insumos químicos y semillas modificadas, la Fundación Gates ha omitido consultar a los agricultores y a las comunidades que pretende beneficiar. Aunque se define como una “œiniciativa conducida por africanos” –con el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan como presidente– AGRA sigue siendo un “œsueño del hombre blanco para África”.

Expertos de la industria biotecnológica que ocupan posiciones clave en la Fundación Gates están elaborando un proyecto con su visión sobre lo que debería ser la revolución agrícola. Sus asesores son exponentes de elites políticas africanas, como Ruth Oniang”™o, cuyas opiniones pueden hallarse en las páginas web de la transnacional Monsanto, defendiendo la necesidad de biotecnología en el continente.

Para acallar críticas de la sociedad civil, la Fundación ha sido vaga acerca de su papel en la promoción de cultivos modificados genéticamente. Sin embargo, sus donatarios están trabajando para desbaratar la amplia resistencia local al uso de transgénicos en la agricultura.

Por ejemplo, el Donald Danforth Plant Science Center, con sede en el estado estadounidense de Saint Louis, recibió un aporte de 5,4 millones de dólares de la Fundación Gates para conseguir que los gobiernos africanos aprueben la realización de investigaciones de campo de cultivos modificados genéticamente. La Fundación Gates hace caso omiso de prominentes estudios que refutan posiciones convencionales contenidas en su agenda agrícola industrial y orientadas por el mercado.

Un estudio publicado en 2008 por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente demuestra que la agricultura orgánica da mayores beneficios que aquella de uso intensivo de productos químicos y que, por lo tanto, es más favorable para la seguridad alimentaria de África. Un análisis de 114 proyectos en 24 países africanos comprobó que los cultivos en los que se utilizaron prácticas orgánicas o cercanas a las orgánicas duplicaron sus rendimientos. Las investigaciones también hallaron que esas prácticas produjeron grandes beneficios ambientales, como mejora en la fertilidad del suelo, mayor retención del agua y resistencia a las sequías.

Pero esos hallazgos no se tienen en cuenta en los planes agrícolas de la Fundación Gates. El Informe 2008-2011 de la Estrategia de Desarrollo Agrícola de la Fundación muestra cuán lejos están esos planes de aquellos a quienes intenta ayudar.

De acuerdo con sus propias afirmaciones, la Fundación invierte en desarrollo agrícola pues una creciente mayoría de pobres dependen del agro. Sin embargo, el resumen del informe confidencial para los ejecutivos de la entidad propone reducir la población rural sin especificar o explicar dónde o cómo serían reubicados en otras actividades los desplazados del medio agrícola. Las campañas que promueven las soluciones tecnológicas para combatir el hambre suelen ofrecer la palabra de un puñado de portavoces africanos para silenciar las voces genuinas de los agricultores, los investigadores y las organizaciones de la sociedad civil.

Sin embargo, hay una extensa oposición a la ingeniería genética y a los planes de una nueva “revolución verde” para África. Los africanos se han unido contra los cultivos modificados genéticamente y optan, en cambio, por amplias intervenciones políticas que apoyen la agricultura familiar a fin de que los campesinos puedan producir y comerciar los frutos de sus cosechas de un modo sostenible. Incluso cuando se han visto enfrentados con situaciones extremas de hambre, los países africanos han elegido proteger la biodiversidad ante el dilema de aceptar ayuda en alimentos genéticamente modificados, como fue el caso de Zambia en 2002.

En estos tiempos de “maquillaje pobre” y hambre creciente, es crucial que sus voces sean escuchadas para que pueda asegurarse la soberanía alimentaria de África y de sus pueblos.

* Anuradha Mittal es directora ejecutiva de The Oakland Institute y editora del informe “Voices from Africa: African Farmers & Environmentalists Speak out Against the New Green Revolution”.

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