Secuestro de Carbono, Usos del Suelo y Reforestación

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Juan José Ibáñez

8 de mayo de 2008

Para los lectores amantes de los mitos imperantes en el mundillo del cambio climático, tan solo recomendarles que pueden interrumpir aquí su lectura, por cuanto lo que voy a decir no les va a gustar. Pero cuando hablemos de las ventajas del laboreo mínimo sobre el de labranza vomitarán con toda seguridad. A los entusiastas de las controversias científicas tan solo comentarles que ya hemos editado numerosos post sobre el tema. Estos pueden encontrarse en la categoría denominada: “œBiomasa y Necromasa en los Suelos“.

Se ha comentado hasta la saciedad que la reforestación de nuestras montañas ayudaría a secuestrar el carbono atmosférico con vistas a mitigar el cambio climático. Tal aseveración no deja de ser ni cierta ni falsa. Todo depende de los factores ambientales del lugar. Eso si, como generalidad resulta ser rotundamente errónea, como vamos a demostrar.

El estudio fue realizado estimando el contenido de materia orgánica de los suelos en dos ambientes contrastados de Andalucía (España): Cabo de Gata, en la provincia de Almería, y Sierra Norte, en la de Sevilla. La primera es una zona que pasa por ser la más árida de Europa, al menos de la porción occidental del continente. En verdad se asemeja a un verdadero desierto. La segunda consiste en una cadena montañosa al norte de la ciudad de Sevilla, bajo clima subhúmedo, pero cercana, por su pluviosidad, a los de los ambientes templados.  Por tanto, nos encontremos en el bioma mediterráneo.

Se analizaron decenas de perfiles de algunas bases de datos, estimando la materia orgánica hasta un metro de profundidad (entre otras variables), si la roca madre o material parental no se encontraba a menor profundidad. Cabía esperar dos resultados que concordaran con la ortodoxia, a saber:

*que Sierra Norte debería almacenar mucho más carbono que Cabo de Gata, debido a sus acusadas diferencias climáticas y”¦

*que las zonas forestadas atesorarían ineludiblemente más carbono orgánico que las cultivadas.

Lógico, ¿no?

Por su aridez Cabo de Gata no es apta para el desarrollo generalizado de bosques, por lo que se muestrearon suelos bajo cultivo, pastizal y matorral. En Sierra norte se pudieron unir masas forestales a la ecuación.

Obviamente no detallaremos los resultados, ni la influencia de las posiciones fisiográficas, que también absorbían parte de la varianza (información hablando en un sentido muy amplio del término).

Pues bien: se disponía de datos de carbono en suelos de bosque, matorral, pastizal y cultivos. ¿Qué encontraron estos investigadores?. Sencillamente que los suelos labrados almacenaban más carbono que los de pasto, y estos a su vez que los de bosque y matorral. ¿Sorprendente? Pues va a ser que no.

En los ambientes mediterráneos de Europa, se ha cultivado el territorio durante miles de años.  Obviamente los paisanos no tienen ni un pelo de tontos. En consecuencia los mejores suelos se han utilizado para la agricultura, dejando los pastos en un segundo plano. Como corolario, los bosques y especialmente los matorrales, surgen de las laderas de las montañas en donde los suelos son muy someros. Diremos para ser precisos, que la profundidad de los perfiles edáficos de las vertientes montanas es muy escasa, por lo general.

Obviamente, si uno muestrea los 20 cm superficiales, o el horizonte A, podría detectar que la secuencia es inversa. No obstante, la acumulación global de carbono se encuentra muy directamente relacionada con la profundidad de un perfil, y así lo demostró el estudio, como ya vimos en algunos de los post anteriormente aludidos. En consecuencia reforestar las cadenas montañosas que no atesoren suelos profundos a penas ayudará a secuestrar carbono atmosférico por el suelo.

Como hemos comentado, se debería esperar que en los ambientes áridos se almacenera menos materia orgánica que en los que reciben unos 500 mm de precipitación anual, ¿verdad? Pues así era, pero en mi exigua proporción. Por un lado, volvíamos a encontrarnos con el mismo patrón: los suelos con más carbono eran los cultivados, por ser los más profundos. En este caso no había arbolado, por lo que las comparaciones se realizaron con pasto y matorral, que se dispersaban por laderas de las colinas de escasa altitud de esta zona, que atesora un gran valor natural, encontrándose protegida.

Se suele dar por cierto que las zonas semiáridas y áridas almacenan poco carbono orgánico. Sin embargo, una vez más, suele asumirse que con muestrear los cm superficiales del suelo puede obtenerse una estima muy próxima a los valores reales. ¡Rotundamente falso!. Y eso sin contar con la importancia del secuestro de carbono atmosférico en forma mineral, es decir generalmente como carbonatos, muy abundantes en esos ambientes, como ya narramos en otro post de la mencionada categoría.

Otro hecho digno de resaltar, y que ya fue comprobado por otros autores con anterioridad (de nuevo os remito a la mencionada categoría) es la importancia del tipo de suelo, a lo largo de todo el perfil, no solo del horizonte A. La retención y estabilidad de la materia orgánica por el medio edáfico se encuentra directamente relacionada con su textura. Los suelos con más arcilla la retienen más y mejor.

Así pues, olvidarse de repoblar suelos muy arenosos a lo largo de todo su solum, (si el objetivo es el susodicho secuestro). No retendrán a penas materia orgánica.

Ahora os pregunto: ¿Qué ambiente almacenaría más carbono?

* Uno somero (como suele ser la norma) enclavado en una ladera de zona húmeda

* Otro profundo de un ambiente árido y semiárido.

Respuesta: No lo sabemos con exactitud. Pero se invierten sumas importantes de dinero partiendo de una premisa de validez dudosa. Ya veréis lo que ocurre con los suelos de cultivo y de labranza mínima. Adelantemos que otra ¡Sorpresita!. Adelantemos pues, que por razones similares.

*Dr. en Ciencias Biológicas y Científico Titular del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CSIC-Universidad de Valencia). Ha representado durante muchos años a España en el Buro Europeo de Suelos y la Agencia Europea de Medio Ambiente. También colabora asiduamente con la FAO en materia de suelos.

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