Olivares orgánicos, en tierras bonaerenses


Desde sus orígenes, en 1992, Biolive asumió el compromiso de ofrecer un aceite de oliva de la máxima calidad posible, en armonía con el medio ambiente; es la única empresa de este tipo instalada en Buenos Aires
Sábado 22 de agosto de 2009 | Publicado en edición impresa

La plantación comprende 1500 hectáreas.
No son los únicos que explotan olivares en forma orgánica en el país. Hay una producción en Córdoba, otra en Catamarca, una más cerca de La Rioja, y otra empresa en San Juan. Pero sí se puede asegurar que son los únicos que producen en tierras bonaerenses, en una zona prácticamente atípica.
Y Andrés Jacob, presidente de Biolive, con un 90% de capitales nacionales, cuenta con gran satisfacción como nació el proyecto. Todo comenzó en 1992, año en que la empresa se instaló en un campo plantado pero abandonado, un campo ganadero (aunque en realidad son dos campos). Y Biolive los recuperó desde un principio. Se analizó todo perfectamente desde el comienzo, y por convicción y por mercado se “lanzó” hacia los productos orgánicos.
“Desde nuestros comienzos asumimos el compromiso de hacer un aceite de oliva orgánico de máxima calidad, que nace del cuidado a lo largo del proceso (que va desde el campo a la botella), y del respeto por el medio ambiente”, destaca Jacob.
Cerca de Tres Arroyos
El presidente de Biolive dijo a LA NACION que la empresa está ubicada en el sur bonaerense, cerca de Tres Arroyos, en el partido de Coronel Dorrego, a 550 km de Buenos Aires y a 150 km de Bahía Blanca. Según Jacob, “nosotros tomamos el campo, como empresa, en 1992, era un lugar abandonado, un campo ganadero, lo tomamos y lo recuperamos desde el comienzo”.
Biolive cuenta con 1500 hectáreas en dos campos, y con una densidad de plantación que se aplicaba en ese entonces, de 10 x 10, es decir, 100 plantas por hectárea. Ahora, lo menos que se hace son 300 plantas por hectárea y se puede llegar hasta las 1500 plantas. “Pero para una plantación de orgánicos, lo nuestro está muy bien”, dijo Jacob. Las plantas en su momento se trajeron de España y, en general, son todas variedades españolas.
“Nuestra filosofía se condensa en una máxima: El sabor de lo natural, lo que implica que el aceite debe ser una fiel expresión, lo más fiel posible, del terruño donde se produce”, destacó Jacob.
Al hacer referencia a la parte industrial, sostuvo que “nosotros en 1993/94 instalamos una fábrica con la última tecnología y nos volcamos fundamentalmente a la exportación a granel. Es decir que se cosechaba a granel. Después, en 1997-1998, generamos un vínculo muy importante con una empresa de California, donde se valoran mucho los productos orgánicos y empezamos a exportar a Estados Unidos en ese momento”.
Posteriormente, en 1998/99 se comenzó a generar la marca Biolive en el mercado argentino y en el exterior, empezando de a poco. “De hecho, hoy estamos en ese camino de generar mercados, posicionar una marca muy diferente. Exportamos más del 80% de nuestra producción con destino a los Estados Unidos, que fue siempre nuestro principal mercado, pero después llegamos a México, a Rusia, a China y a Brasil en menor medida.
No tenemos aceitunas, no poseemos otros productos, sólo trabajamos con el aceite de oliva orgánico y en él ponemos toda nuestra fuerza”, agregó el especialista. Según Jacob, “para lograr una producción que sea sustentable, y a la vez de gran calidad, aplicamos un sistema de cultivo a la vez tradicional y creativo, apelando a los recursos de la naturaleza. Algunos ejemplos de esto son, entre otros, sembrar alfalfa y avena entre los olivos como fertilizante, realizar pastoreos con ovejas y caballos para controlar las malezas y sembrar caléndulas y flores silvestres que atraen insectos que contribuyen a realizar un control biológico de las plagas”.
Hoy, Biolive se encuentra en casi todas las cadenas de comercialización del país, “y seguimos invirtiendo en el cultivo tratando de regar más, para mejorar la producción; no con riego por goteo, pero sí en surcos; estamos invirtiendo por ese lado y, por supuesto, desarrollando la marca en los diferentes mercados, porque hoy el aceite de oliva en la Argentina, comienza a tomar fuerza y, aunque obviamente, es un producto bastante más caro que otros, ahora se piensa mucho en la calidad. El mercado se ha sofisticado bastante y el consumidor está mucho más informado y sabe valorar lo que realmente es bueno. Estamos hablando de un aceite mejorado y refinado.
“Nosotros le damos importancia al mercado interno y queremos estar, y por supuesto estamos presentes en él, pero sin dudas, hay que desarrollarlo porque los volúmenes consumidos son chicos. Estamos hablando de 5000 a 6000 toneladas por año y la Argentina produce 20.000. Hay años en que la producción oscila entre las 15 a 25.000 toneladas, por lo cual, hay un gran excedente. El mercado interno, en la actualidad, no puede absorber lo que se produce”, enfatizó Jacob.
La empresa
Biolive, por lo tanto, cuenta con una plantación y una planta industrial instalada. Tiene en forma permanente aproximadamente 20-25 personas en los campos, que pueden llegar a ser 200 en época de cosecha. En la planta cuenta con 4 personas y la instalación industrial que se hizo en su momento, tiene una capacidad importante y se construyó con toda la tecnología de punta. También puede asimilar la compra de productos de otros lados y realizar mezclas, “aunque nosotros lo hemos hecho muy poco porque no hay posibilidad de comprar orgánicos. Si la producción fuera convencional sería más fácil”, agregó el presidente de Biolive.
La zona en que está establecida la empresa, si bien no es la más característica del país, tiene muy buenas condiciones climáticas, “da muy bien, porque ya no es la pampa húmeda, que por su humedad, no es buena para un cultivo como éste ni para ningún tipo de frutal y, además, tiene una amplitud térmica muy buena, estaciones invierno-verano bien marcadas, y los parámetros químicos de aceite son en consecuencia muy buenos y eso es lo que está haciendo que mucha gente comience a mirar nuestra zona como algo que se puede convertir también en un polo productor”, aseguró Jacob.
Por Héctor Müller
De la Redacción de LA NACION

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