México desperdicia riqueza de los desiertos


Por Emilio Godoy *

La jojoba y el guayule son sólo dos ejemplos de arbustos mexicanos con valiosas propiedades que no se aprovechan.

MÉXICO, 3 oct (Tierramérica).- El desierto del norte de México posee especies vegetales poco estudiadas que pueden aportar soluciones sociales, económicas y ambientales.

El guayule (Parthenium argentatum Gray), un arbusto nativo del desierto de Chihuahua, a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, es una fuente de látex natural, alternativa de la extraída del árbol del caucho (Hevea) y libre de sus efectos alergénicos para la manufactura de una amplia variedad de objetos empleados en la medicina, como guantes y catéteres.

La jojoba (Simmonsdia chinensis), originaria del también fronterizo desierto de Sonora y del de Mojave, en el sur estadounidense, es la única planta que produce cera líquida o éster, empleada en cosméticos, lubricantes, plásticos y biodiésel.

La historia de ambos arbustos es muy diferente. La producción de jojoba experimentó una relativa prosperidad, y el guayule fue relegado luego de su explosión comercial en la primera mitad del siglo pasado.

“Después de un intenso esfuerzo realizado en los años 70 y 80 para llevarlo a su comercialización, el guayule quedó archivado debido al boom petrolero. Actualmente no se explota. Es un potencial que ahí está, y se necesitan recursos estratégicos de largo plazo”, dijo a Tierramérica el investigador Enrique Campos, del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, en el occidente mexicano.

En la década de 1980, Campos lideró el diseño y construcción de una instalación para extraer y procesar el látex en el Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA), situado en la nororiental ciudad de Saltillo. Pero la iniciativa no prosperó.

El arbusto se hizo conocido en 1911, cuando el estadounidense Francis Ernest Lloyd, profesor de fisiología de las plantas del Alabama Polytechnic Institute, publicó el libro “Guayule (Parthenium argentatum Gray): A Rubber Plant of the Chihuahuan Desert” (Una planta de látex del desierto de Chihuahua), luego de explorar la zona para la Continental-Mexican Rubber Company y la Intercontinental Rubber Company.

Según la mexicana Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), se destaca su capacidad para conservar el suelo, controlar la erosión y mejorar la fertilidad.

La jojoba, dice la Conabio, tiene valor para la restauración de tierras degradadas. La Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana atribuye a sus semillas y flores hervidas facultades para calmar la tos, y a la pepita machacada untada en el cuero cabelludo la propiedad de detener la caída del cabello.

Ambas plantas eran utilizadas por los pueblos indígenas prehispánicos. En el norte, los chichimecas recurrían al látex del guayule para los enseres del juego de pelota, y los seris, que habitan en Sonora, usan las semillas de la jojoba en ritos ancestrales y para curar heridas y golpes.

En una investigación de 2003, “Guayule: Relación entre producción de biomasa, síntesis de hule y condiciones climáticas”, los investigadores Diana Jasso y Raúl Rodríguez, de la estatal Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, y José Angulo, del CIQA, resaltaron la importancia del nexo entre la temperatura ambiente y las lluvias en la síntesis del hule, o caucho, contenido en el látex.

“Los niveles bajos de precipitación incrementaron la acumulación de hule, mientras que los niveles altos de lluvia no la mejoraron. Sin embargo, la precipitación alta también mejoró la producción de biomasa”, señala el estudio.

Los principales productores de jojoba, cuyo reemplaza al de ballena, son Argentina, Israel, Estados Unidos, Australia, Perú y México.

De acuerdo con la Conabio, algunos proyectos de producción de jojoba fracasaron en México por la duplicidad de funciones de las dependencias concernidas y la confusión que tales situaciones generan entre los productores.

Pero “los mercados van a tener que desarrollarse para que el precio de las semillas pueda permanecer relativamente constante y con un retorno económico para los agricultores, antes de que esta planta pueda ser productiva”, dijo a Tierramérica el director del Centro Agrícola de Maricopa de la estatal Universidad de Arizona, Robert Roth.

Esa institución ha estudiado la jojoba y el guayule, entre otras especies. De hecho, en el sur de Estados Unidos ambas plantas han sido estudiadas con más profundidad, si bien no hay todavía desarrollo a gran escala. Sólo una finca de jojoba está en actividad, luego de que se sembraran cientos de hectáreas a partir de la crisis del petróleo de 1973.

Ante ese panorama, Campos sostiene que “muchos recursos en esa zona deben verse a la luz de los nuevos avances científicos, tanto en cuestiones de genética, agronómicos y procesos industriales. Deberían iniciarse esas evaluaciones preliminares y, en aquellos casos en que resultara de interés, buscar la forma de iniciar proyectos estratégicos”.

Para Roth, “lo primero por desarrollar es un mercado donde el aceite pueda ser vendido. Este mercado tiene que ser lo suficientemente grande para que la siembra de la jojoba no rebase la demanda”.

* * El autor es corresponsal de IPS.

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