Mejora de praderas de secano en la dehesa del sudoeste

Iñigo Alvarez de Toledo, MSc
instituto de ecología aplicada
Marzo 2007

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Introducción

La intensificación productiva, propiciada por la Política Agraria Común, ha multiplicado la presión del ganado sobre dehesas y pastos, provocando:

– ramoneo de los brotes de encinas (= ausencia de renuevo)
– sobrepastoreo del estrato herbáceo =
– degradación de la estructura del suelo (compactación por pisoteo, erosión),
– empeoramiento de la permanencia y disponibilidad hídrica, y
– pérdida de diversidad de plantas de todo tipo.

Además, el uso de dehesas también como tierra de labor esquilma el banco de semillas y frecuentemente destruye la estructura del suelo por las habituales malas prácticas, y reduce los nutrientes asimilables, especialmente fósforo y nitrógeno.

Se produce así un paulatino empobrecimiento del suelo, llegando a un punto en el que ya es incapaz de regenerarse. Sin la visión adecuada no es fácil de detectar este proceso, ya que habitualmente los valores de pérdida de suelos son relativamente bajos.

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Además, en las ultimas décadas la industrialización de los sistemas de producción de carne y leche han originado problemas de salud humana y animal y, en consecuencia, han motivado la desconfianza y rechazo de los consumidores.

En un mundo lleno de problemas ambientales, originados por la inadecuada visión industrial del uso que hacemos de la naturaleza, es prioritario desarrollar sistemas productivos que conjuguen la eficacia económica, la preservación y aumento de los recursos naturales y de la biodiversidad.

Por otra parte, uno de los limitantes más frecuentes en la recuperación de ecosistemas es la presencia de especies introducidas con tal capacidad colonizadora y competidora que logra desplazar a la vegetación autóctona y, con ello, la disminución o pérdida de semillas.

El establecimiento de una pradera consiste en el cultivo y manejo del suelo, con o sin fertilización, para conseguir una comunidad estable y diversa de plantas que mejore el mismo y aumente la productividad.

Es fundamental, en nuestras dehesas, el uso de leguminosas, pues origina un aumento de la materia orgánica y de la capacidad de retención de agua del suelo, contribuyendo a la reducción de las variaciones de producciones forrajeras propias nuestro clima.

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CLIMA, SUELO Y PASTOS DEL SUROESTE ESPAÑOL

Características principales

– Precipitaciones anuales : entre 600- 400 milímetros anuales.

– Media de mínimas del mes más frío : entre 1 y seis grados centígrados.

– Suelos :
* con sustrato de pizarra y granito;
* con escasa materia orgánica;
* de escasa profundidad y por ende escasa capacidad de retención;
* ácidos (ph = 4´5 ” 6´0) en Extremadura, Sierra Norte de Sevilla, Córdoba, Los Pedroches, Alcudia y Huelva);
* con escaso contenido de nutrientes, especialmente fósforo, nitrógeno y, frecuentemente, potasio.

Efectos principales de estas características son:

– el agua que cae en invierno no se aprovecha en la finca si no se acumula, ya
que se pierde por evaporación o escorrentía;

– otoños tardíos (más frecuentes donde la precipitación es media o baja) = el inicio del frío coincide con el inicio del crecimiento vegetal, parándose y perdiéndose gran parte de las plantas anuales;

– especies pascícolas anuales, pues las perennes no resisten el verano.

Los objetivos generales fundamentales deben ser, por tanto:

– mejor acumulación y aprovechamiento del agua,

– la mejora de praderas para ampliar al máximo el periodo de aprovechamiento de pastos, particularmente en épocas críticas, y

– aumentar y diversificar los arbustos y árboles, igualmente afectados por la degradación, y de efectos muy positivos sobre el ecosistema.

Los objetivos de la mejora de praderas son conseguir impactos positivos

Impactos en la producción ganadera:

1- Aumentar la producción de hierba de calidad indefinidamente; se manejan cifras de producción de 3 a 6 veces superior a la de los pastos naturales.

2- Mejorar de forma considerable la economía de las explotaciones;

3- Permitir cargas ganaderas superiores y reducción del consumo de alimentos concentrados;

4- Permitir obtener productos ganaderos de elevada calidad, valor ecológico y, por ende, diferenciados.

Impactos en el ecosistema de la finca, y más allá:

1- Garantizar una elevada tasa de fijación biológica de nitrógeno;

2- Mejorar la fertilidad del suelo por aumento de la materia orgánica;

3- Aumentar la capacidad de infiltración y retención de agua del suelo;

4- Reducir la erosión del suelo.

La producción de la pradera ocurre entre otoño y primavera, en función del período de lluvias en el cual los animales aprovechan el pasto verde de elevada calidad; en verano se consigue gran cantidad de pasto seco, de más calidad en proteína y digestibilidad; además dicho pasto seco no sólo constará de hierba, sino también de mucha semillas, lo cual es particularmente beneficioso para el ganado lanar y además implica ahorro en alimentos complementarios.

Tres sistemas de mejora de los pastos

– manejo adecuado;

– manejo adecuado y fertilización fosfórica;

– manejo adecuado, fertilización fosfórica e introducción de especies y variedades.

Y un cuarto, que es sustituir la más cara fertilización fosfórica por el aumento “presumiblemente más lento- de éste y otros nutrientes del suelo mediante la siembra de las plantas que son capaces de aportarlos o hacerlos disponibles. Este método puede usarse de forma complementaria.

Todos estos sistemas implican mejoras más o menos lentas, que hay que saber valorar en su profundidad e importancia. En este trabajo desarrollamos más los tres primeros, más estudiados, aunque se presentan unos importantes datos recogidos por una investigadora alemana sobre el cuarto.

Aunque el sistema basado en el buen manejo y la fertilización es más barato, es sin embargo necesario que haya un mínimo de leguminosas de 25 plantas por metro cuadrado para que la fertilización fosfórica dé resultado en cuanto al aumento de la producción.

Cuando hay una menor cantidad de leguminosas en los pastos, y /o el suelo está muy compactado y con presencia de musgos, la fertilización fosfórica no da resultado por sí sola y conviene sembrar pratenses anuales.

Hay autores que incluso afirman que se consiguen mejoras notables en los pastos con la fertilización a base de roca fosfórica, pero que es aún de mas trascendencia la siembra de leguminosas pratenses anuales.

MEZCLA DE SEMILLAS PARA PRADERAS DE SECANO

Es muy habitual el uso de dos géneros de leguminosas: los medicago y los tréboles.

Para suelos ácidos se usa:

* Trifolium hirtum (en terrenos de muy escasa producción otoño ” invierno);

* Trifolium michelianum (trébol miqueliano o balansa)

* Trébol subterráneo, pues tiene:

– gran capacidad de producción de semillas,
– gran dureza seminal, y
– un ciclo vegetativo que se adapta a cualquier climatología (corto, medio o largo).

Las variedades de Trébol subterráneo que se proponen son:

* Dalkeith (ciclos cortos);

* Seaton Park, York, Trikkala (ciclos medios, y el último para terrenos encharcados));

* Junee, Rosedale y Campeda (ciclos medio-tardíos);

También pueden usarse algunas gramíneas como Lolium multiflorum ( ray- grass) y Dactylis glomerata.

Otros autores, sin embargo, son más partidarios de variedades españolas:

* Nuraghe;

* Cubillana;

* Areces;

* Valmoreno;

* Gaitán;

Las especies a utilizar han de tener las características de productividad, persistencia y adaptación a las condiciones de suelo y clima de nuestras dehesas.

Siendo el trébol miqueliano o balansa y el trébol subterráneo los más frecuentemente utilizados los describimos con mayor detalle.

Trébol subterráneo (Trifolium subterraneum L.)

– leguminosas anuales de autoresiembra con crecimiento invernal;
– originario de la cuenca Mediterránea Euroasiática;
– bajo el nombre genérico de tréboles subterráneos (Trifolium
subterraneum) existen tres subespecies: subterraneum, yanninicum y
brachycalycinum;
– poseen tallos postrados que no enraizan y producen sus semillas en un
glomérulo o canastillo que se entierra en el suelo o se ubica cerca de su
superficie;
– la subespecie subterraneum, se caracteriza por presentar la capacidad
de enterrar la semilla. Por esta a razón, se la recomienda para suelos de
texturas livianas a francas, fértiles, con un rango de pH entre 5 a 7,0;
– las variedades de la subespecie brachycalycinum presentan pedúnculos
largos y sarmentosos y tienen la capacidad de ubicar los frutos y semillas en pequeñas grietas, o fisuras que se producen especialmente en suelos de contenido de arcilla alto a medio;
– se adaptan a suelos fértiles, de texturas medias a arcillosas, de neutros a alcalinos, pero también se desarrolla bien en suelos ligeramente ácidos (pH de 5,5 a 8.5);
– las tres especies se adaptan bien a climas mediterráneos fríos y
húmedos en invierno, calurosos y secos en verano;
– en relación a suelos, T. subterraneum y T. yanninicum toleran
condiciones ligeramente ácidas, en tanto que T. brachycalycinum, tolera
suelos ligeramente alcalinos.
– gran capacidad de producción de semillas: por kilogramo varía
dependiendo de la especie y cultivar, siendo en promedio de 140.000;
– dureza seminal;
– buen comportamiento productivo y persistencia en la mayor parte de las
áreas de clima mediterráneo, a condición que los cultivares sean bien
elegidos y que la fertilidad del suelo sea adecuada, especialmente el
contenido de fósforo, potasio y azufre y algunos micro elementos como
boro; en experimentos en suelo arcilloso de mal drenaje en el secano
sub-húmedo chileno ha mostrado alta productividad con bajos niveles de
fósforo;
– la precipitación mínima requerida, en invierno y primavera, es de 300
mm, en cuyo caso se deben utilizar cultivares muy precoces (ciclo de
vida de cuatro meses);
– considerada la leguminosa más importante para pastoreo en clima
mediterráneo y suelos ácidos;
– ciclo vegetativo de corto a medio, produce 4-5 Tm/ha. de materia verde;
– fija 200 kg/ha. de nitrógeno;
– siembra: 30-50 kg/ha. a voleo, de sept. a marzo;
– se asocia a cereales.


Trifolium micheliano o Trébol balansa

– es una especie leguminosa forrajera anual de autosiembra, original de
Turquía;
– la planta es semi erecta, o de crecimiento postrado cuando es sometida a
pastoreo;
– es posible encontrar aproximadamente 1.400.000 unidades de semilla
por kg, siendo mucho más pequeña que la del trébol subterráneo, la
cual posee alrededor de 100.000 semillas por kg;
– habilidad para persistir y diseminarse después de la siembra, dada por la
alta producción de semillas (hasta 1.000 kg/ha);
– alta proporción de semillas duras a la madurez, desde un 60 a 80%, lo
cual le permite regenerarse adecuadamente cuando es incluida en
sistemas rotacionales con cereales;
– posee un alto valor nutritivo, con contenidos de 14 a 18% de proteína
cruda;
– germina en otoño, su crecimiento principal se produce a fines de invierno
y principios de primavera;
– se establece rápido en el otoño, debiendo ser sembrado temprano y en
un suelo libre de malezas;
– siembras tempranas incrementan la tolerancia a excesos de humedad en
invierno. La siembra se debe realizar en una cama de semilla finamente
preparada, a una profundidad máxima de 1,5 cm y luego tapando
adecuadamente;
– la dosis de semilla a utilizar varía de 3 a 5 kg/ha;
– fertilización conveniente con el objeto de corregir las deficiencias que
existan, principalmente de fósforo, potasio, azufre y eventualmente boro,
para lo cual se recomienda hacer análisis de suelo;
– la floración se inicia hacia fines de septiembre y produce un gran número
de flores de color rosado pálido a blanco, similares en apariencia a las del
trébol blanco (Trifolium repens), muy atractivas para las abejas;
– se adapta a una amplia gama de condiciones edafoclimática, a partir de
los 450 mm de precipitación, y tolerante al frío invernal (-6 oC) ;
– soporta extensos periodos de anegamiento una vez que la pradera está
establecida;
– se adapta a una amplia gama de suelos, pH entre 5.4 a 8.2. Crece
exitosamente en un rango de texturas desde pesadas arcillosas hasta
suelos francos, pero no es recomendable para suelos arenosos infértiles;
– puede asociarse con falaris, ballica anual de resiembra y festuca, y con
el trébol subterráneo;
– se ha determinado que sobre el 40% de la semilla de trébol balansa
consumida por los ovinos pasa a través del tracto digestivo del animal y
es excretada en las heces, por lo tanto es dispersada mediante este
proceso.

¿Pocas especies o variedad?

Hasta ahora se ha usado habitualmente la mezcla de dos o tres variedades de trébol subterráneo. Se ha llegado a la conclusión, por parte de muchos investigadores, que ello implica dificultad en la implantación: cualquier perturbación o circunstancia adversa a esta especie evita el adecuado desarrollo del proyecto.

En cambio, cuanta mayor diversificación de especies y cultivares bien adaptados a las condiciones locales mayor posibilidad de más producción, equilibrio, persistencia y resiliencia (capacidad de adaptación de un ecosistema a los cambios más o menos bruscos que le afectan). Es éste un principio fundamental del funcionamiento de la naturaleza, conocido por los ecólogos y naturalistas.

Para recuperar la biodiversidad original se evalúan otras leguminosas espontáneas, como:

* Ornithopus compressus,

* Medicago polymorpha,

* Trifolium glomeratum,

* Trifolium cherleri,

* Trifolium striatum,

* Ornithopus sativus,

* Biserrula pelecinus.

También es de interés el Lupinus luteus L. (tremosilla), pero hay que gestionar bien su desarrollo, pues dejado a su ser provoca el sombreo de las demás leguminosas. Se puede utilizar, en zonas húmedas, el Trébol Repen o Blanco, perenne.

Donde la pluviometría es baja (menos de 500 mm/año) y los suelos poco profundos es preferible el uso de leguminosas de ciclo de floración temprano a medio; en mejores condiciones de pluviosidad y suelo es preferible el uso de aquellas con ciclo de medio a tardío. Las siguientes plantas recogidas en Extremadura presentan los siguientes ciclos de floración:

* Trifolium subterraneum 118 ” 152 días

* Trifolium glomeratum 143 ” 159

* Trifolium cherleri 143 ” 154

* Trifolium striatum 143 ” 154

* Trifolium stellatum 140 ” 141

* Ornithopus compressus 131 ” 145

* Medicago polymorpha 119 ” 129

* Biserrula pelecinus 134 ” 137

SIEMBRA

Preparación del suelo: se debe efectuar de manera que la capa superficial tenga un espesor mínimo de 10 cm, se quede bien deshecha y relativamente llana.

Época: en Extremadura lo más recomendable es sembrar los primeros 15 días de octubre, pues el suelo está aún cálido y empieza la época de lluvias, lo cual produce una buena germinación. Antes se realiza la siembra, antes se da la floración primaveral. La siembra en tales condiciones implica para las plantas mayor posibilidades de nodular (acumular partículas para formar masa / aportar nitrógeno mediante Rhizobium) y efectuar su crecimiento vegetativo antes del frío, por lo que serán más grandes y producirán más semillas.

Profundidad: la semilla deberá ser enterrada a una profundidad máxima de 0,5 a 1,0 cm (ó 2 cm. según la mezcla, el suelo y autores de las experiencias), siendo indispensable enterrarla, pues es fundamental mantener las semillas fuera del alcance de hormigas y de pájaros.

Dos métodos de siembra se recomiendan:

– a voleo: a mano o con abonadora, enterrando luego con rulo estriado, rastra de púas o tamara (rama de encina);

– en línea: con sembradora de botas, con abono y semilla al mismo tiempo. Es seguramente un sistema más seguro, pues se consigue la profundidad deseada, la protección frente a hormigas y pájaros y una nasciencia más fácil si se forma costra en el suelo.

La siembra con laboreo total tiene un grave riesgo de erosión en caso de lluvia, pero también por el viento; tampoco conviene dejar la capa fértil expuesta al sol y al oxígeno, pues son elementos que destruyen la vida microbiana del humus.

El riesgo de erosión por lluvia se evita sembrando en surcos (75 cm entre cada uno) siguiendo las curvas de nivel, en bandas (uno de pasto natural, uno de siembra) y con sembradora de siembra directa para pratenses.

Para algunos investigadores la forma mejor es la siembra directa en surcos con tapado de las semillas. En cualquier caso se considera que al final de la cuestión es más importante para la producción las condiciones climáticas que la siembra.

Autores recomiendan, como norma general, para una pradera de una sola especie la siguiente dosis de siembra:

* Trébol subterráneo 15 kg / ha
* Medicagos anuales 10 kg / ha
* Ornithopus compressus 20 kg / ha
* Trifolium glomeratum 4 kg / ha
* Trifolium striatum 6 kg / ha
* Trifolium cherleri 6 kg / ha

Puede ser beneficioso sembrar de 25 a 50 kilos / ha. de avena para proteger de frío a las pratenses, pero ha de consumirse antes de que crezcan por encima del trébol e impidan su total desarrollo.

La siembra con Tremosilla conlleva mejores resultados en el nacimiento de leguminosas.

EL MANEJO

Año de Instalación

En el primer año el principal objetivo del manejo de una pradera permanente consiste en garantizar una gran producción de semillas (banco de semillas) de las especies y variedades que se hayan sembrado, para garantizar una larga duración y excelente productividad. Para eso, es necesario concentrar esfuerzos en la siembra, en el control de eventuales hierbas adventicias y en un manejo que favorezca una abundante producción de semillas.

Para maximizar la producción de una pradera permanente de secano, se deberán respectar las siguientes normas:

– La siembra debe hacerse en tiempo oportuno (con el suelo todavía caliente) y en un suelo correctamente preparado y fertilizado.

– Respecto a el pastoreo en el período otoño / invierno hay dos posturas fundamentales:

– a. Sólo se deberá hacer cuando las condiciones del suelo aguanten el pisoteo y nunca antes que las plantas tengan 5 a 7 hojas. Este pastoreo tendrá como objetivo combatir las eventuales hierbas adventicias de la pradera, y por eso se deberá hacer con elevada carga ganadera durante cortos períodos de tiempo, pudiendo repetirse hasta un par de veces con intervalos de tiempo de 30 a 40 días.

– b. No se pastoreará en otoño, pues es fácil que el terreno no esté consolidado y el pisoteo sería muy dañino. En invierno sí, en caso de que las condiciones sean buenas.

– El pasto se ha de mantener a no más de 3 cm. de alto hasta el inicio de la floración, lo que suele ocurrir en finales de Febrero, momento en que se deberá disminuir la carga ganadera o dejar la pradera en descanso completo. Este descanso garantiza que las especies sembradas crezcan y florezcan libremente, originando una gran producción de semillas.

– El ganado solo volverá a pastorear la pradera cuando ésta esté completamente seca, lo que suele pasar durante el mes de Junio. A partir de aquí de nuevo hay dos posturas distintas:

– a. En estas fechas se deberá colocar una carga ganadera lo suficientemente alta para garantizar el apuramiento del pasto seco antes de las primeras lluvias de otoño. Este pastoreo a fondo en seco lo consideran sus partidarios indispensable para que las semillas sean liberadas y bien acomodadas al suelo, facilitar su germinación y desarrollo después de las primeras lluvias. Los eventuales residuos de pasto seco no consumido provocan dificultades de germinación de las semillas, y la consecuente pérdida de calidad de la pradera.

– b. Se aumenta la carga ganadera en verano, pero no se deja el suelo totalmente desnudo ya que ello conlleva los procesos erosivos anteriormente mencionados debidos al sol, el aire y las lluvias que caerán en otoño “o alguna antes. Esta por tanto es la postura más acorde con la sostenibilidad del sistema a largo plazo, consiguiendo quizás una leve menor producción pero sin dañar su sustrato vivo que es el suelo.

Segundo año y siguientes

Después de las primeras lluvias de otoño y durante las 2 ó 3 semanas siguientes es aconsejable dejar la pradera en descanso, para que las plantas se puedan establecer fácilmente. A partir de esta época el pastoreo se puede hacer de forma continua o rotacional, siendo importante utilizar una carga ganadera adecuada a la capacidad productiva. Se procede al pastoreo durante el verano.

La importancia del pastoreo

Una cierta presión del ganado reduce la cobertura de especies dominantes actualmente en la dehesa, favoreciendo otras de menor capacidad competitiva, lo cual lleva a una comunidad de plantas más diversa. Pasado un cierto umbral en la intensidad del pastoreo tal diversidad desaparece, quedando sólo las especies más resistentes al mismo.

Sin pastoreo es muy probable que el segundo año las leguminosas disminuyan respecto a las gramíneas, beneficiadas por el enriquecimiento del suelo con nitrógeno aportado por las leguminosas durante el primer año. Por tanto un buen manejo es fundamental para la que la pradera no degrade. Hay leguminosas de pasto natural, pero generalmente son de menor productividad, más rastreras y pequeñas, y de menor valor pascícola; la más habitual es el Trifolium suffocatum.

FERTILIZACIÓN

Es necesario que se planifique previamente un manejo adecuado y tendente a la “œre-ecologización” de la finca y su gestión, y al aumento de la productividad a largo plazo. Sin el posterior manejo adecuado han fracasado muchos procesos de mejora de no poca inversión.

Hecha la gestión adecuadamente, los incrementos conseguidos en suelos ácidos de fincas experimentales oscilan en un amplio abanico, llegándose a duplicar o triplicar las producciones.

Por otra parte, es generalmente aceptado que la introducción de especies y variedades nuevas en los pastos sólo tiene sentido acompañada de la adecuada fertilización y manejo. No hay que olvidar que el objetivo de la fertilización es proveer al suelo de nutrientes de los cuales carece, y en muchas ocasiones esto se ha debido no a carencias naturales sino antropogénicas, por lo que fomentando la adecuada vegetación natural pueden retornar al suelo y aumentar su fertilidad. Conviene tener siempre en cuenta que la dehesa es resultado de la degradación ecológica del bosque mediterráneo.

Los suelos de las dehesas del suroeste español son muy deficientes en nitrógeno y fósforo, situación que empeora cuanto más ácidos son. El nitrógeno se obtiene por la fijación del mismo que hacen las leguminosas, y como fertilizante se usa la roca fosfórica. Ésta es un elemento natural de más lenta absorción que el súper-fosfato pero también de efectos más duraderos. Está perfectamente aceptado en los reglamentos de agricultura ecológica, mientras que el segundo no, debido a la contaminación que genera en el proceso de producción.

La recomendación habitual en suelos ácidos es el abono con 200 kilos/ha. de roca fosfórica el primer año, y 150 kilos los siguientes. Conviene realizar análisis de suelo cada cierto tiempo (c. 3 años) para ir midiendo los cambios en las necesidades del mismo, que deberían reducirse.

MEJORA DE LOS NUTRIENTES DISPONIBLES EN EL SUELO

Según los experimentos hechos por María Thun durante decenios – presumiblemente en otro tipo de suelos- los siguientes minerales aumentan en su disponibilidad en el suelo tras el crecimiento de las siguientes plantas:

FÓSFORO:

– aciano menor,

– facelia,

– neguilla,

– malva forrajera,y

– lino.

POTASA (hodróxido de potasio):

– borraja, y

– trigo sarraceno.

AZUFRE: las crucíferas, como las

– colza,

– mostaza,

– rábano.

PERSISTENCIA

Para que una pradera tenga una buena implantación se necesita conseguir:

– nasciencia homogénea,
– desarrollo apreciable,
– producción de cantidad de semillas adecuada.

El objetivo de que una pradera persista y el que produzca al máximo en el menor tiempo suelen ser antagónicos.

A su vez una buena implantación no significa un buen establecimiento. Las especies o variedades sembradas han de pasar a formar parte de las especies naturales y seguir formando la pradera en los años sucesivos.

En nuestros inviernos frescos muchas praderas de nueva implantación no han persistido por:

– La acción de hormigas, de las aves o de bacterias:
∑ las hormigas, en primaveras cortas, pueden recolectar toda la semilla de leguminosa disponible;
∑ las aves, en los otoños de hierba escasa, pueden comerse los cotiledones (primera hoja del embrión de las plantas).

– La escasez de semillas duras: se necesita una adecuada cantidad ante otoñadas tardías o primaveras secas. Así están protegidas frente al diente, al ser capaces de pasar por el tracto animal sin deshacerse. Es posible que ecotipos menos domesticados que las semillas comerciales sean la solución.

– La insuficiente humedad edáfica en primavera: es decisiva, afectando a la floración, fructificación y, en el caso del trébol subterráneo, al enterramiento de su semilla.

Una buena implantación se refleja en una comunidad de unas 1.000 plantas por metro cuadrado el primer año.


Bibliografía utilizada


* Miguel Granda Losada, Conde de Campo Espino. Establecimiento de praderas en secano del suroeste español. Revista Pastos, vol. 5 1975.

* J.M.Montoya Oliver. Encinares y Pastos. Agroguías Mundi-prensa, 1988.

* Varios autores. Actas del Congreso Europeo de Agricultura Sostenible en Ambientes Mediterráneos. Badajoz, marzo 1999.

* F. González, M. Murillo, V. Moreno, J. Paredes, P. Ma. Prieto.
Evolución de Pastos Mejorados Mediante Distintas Técnicas en una Dehesa Extremeña- Análisis Comparativo. Servicio de Investigación y Desarrollo Tecnológico, Junta de Extremadura. 2002.

* M. A. Pérez Fernández, E. Calvo Magro. Uso de Vegetación Autóctona en
Restauración Ambiental. Area de Ecología, Universidad de Extremadura.

* María Thun: Calendario de Agricultura Biodinámica 2007.

* A. San Miguel y S. Roig. Diccionario de Términos Pascícolas

* Experimentos sobre tréboles mediterráneos del INIA chileno.

* Documentación de Fertiprado S.L.


El autor-compilador agradece especialmente a D. Francisco González López, del Dpto. de Producción Forestal y Pastos del Centro de Investigación “œLa Orden” -Junta de Extremadura- por las conversaciones mantenidas y su revisión de este trabajo.

Y también a Feliciano Ciria Delgado, encargado de la dehesa ganadera La Covacha, que tan amable y profesionalmente nos mostró y explicó los trabajos de mejora de praderas hechas bajo su responsabilidad.

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