La Dehesa : propuesta para su mejora ecológica y financiación (y comentarios de IDEAA)

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La dehesa en los Programasde Desarrollo Rural 2007-13
Propuesta de WWF/Adena*, julio de 2006

* WWF/Adena ha elaborado esta propuesta sobre la base del documento del mismo título presentado a debate en el taller celebrado el 20 de junio en Sevilla. En el mismo participaron representantes de varias administraciones central y autonómicas, así como sindicatos agrarios y expertos en dehesa.

Indice
1. Introducción
2. Objetivo
3. La dehesa y otros sistemas agrarios de alto valor natural en el contexto de la política europea
4. La situación de los sistemas de Alto Valor Natural (AVN) en España
5. La dehesa: aprovechamientos económicos y valores naturales
6. Problemas actuales de conservación en la dehesa
1. Introducción

La dehesa es un sistema de aprovechamiento agrosilvopastoral que, bien
llevado a la práctica, supondría un uso sostenible de los recursos naturales,
que a la vez favorece la conservación de altos niveles de biodiversidad. Podría
ser un ejemplo modélico de los “œsistemas agrarios de alto valor natural” citados
en el nuevo Reglamento Europeo de Desarrollo Rural.

Sin embargo, está ampliamente documentado que las tendencias de gestión de
los últimos años están conduciendo a un declive de los valores naturales de la
dehesa, y también de su sostenibilidad económica a largo plazo.

Desde hace varios años se aplican a la dehesa medidas que pretenden tratar
algunos aspectos concretos. Por ejemplo, existen ayudas para la plantación y
protección de árboles, para llevar a cabo podas y desbroces, y para mejorar
caminos y vallados. También ha habido intentos en Andalucía de abordar uno
de los principales problemas que afectan a estos ecosistemas, como es la
carga ganadera, mediante medidas agroambientales.

Pero el conjunto de ayudas forestales, ganaderas, agroambientales, etc., han
carecido siempre de elementos cruciales en cuanto a planificación de objetivos
e integración de su ejecución. Se han llevado a cabo muchas acciones con un
gasto considerable de dinero público, pero sin promover un modelo de gestión
adaptado a la conservación del ecosistema, lo que es fundamental para
garantizar su futuro en buen estado.

2. Objetivo

Este documento está dirigido principalmente a las administraciones
responsables de diseñar los nuevos Programas de Desarrollo Rural, pero
también a todas aquellas otras organizaciones que puedan participar en los
mismos.

Se pretende ofrecer una propuesta, sobre cómo puede tratarse la dehesa en la
nueva programación española de desarrollo rural 2007-2013 y conseguir así
cambios en el modelo de gestión que lleven a una mejora en su estado de
conservación.

El argumento central de la propuesta es la necesidad de fundir el actual
conjunto de medidas en un programa integrado para la dehesa, basado en
una planificación territorial y con un objetivo principal, conseguir un buen
estado de conservación de la dehesa como ecosistema al tiempo que se
garantiza su viabilidad socioeconómica.

3. La dehesa y otros sistemas agrarios de alto valor
natural en el contexto de la política europea

Desde hace tiempo, se reconoce el valor ambiental de los sistemas agrarios
menos intensivos, caracterizados por una menor alteración del medio natural y
un bajo uso de agroquímicos (Beaufoy et al., 1994). Dichos sistemas favorecen
la conservación de importantes valores naturales (habitats y especies
silvestres) y paisajísticos que, entre ellos, forman un pilar central del patrimonio
rural europeo. Por ello, la dehesa aparece como un ejemplo modélico de
sistema agrario de Alto Valor Natural (AVN).

Los sistemas agrarios AVN constituyen una pieza clave del Plan de Acción
sobre la Biodiversidad de la UE y de la Estrategia Sobre la Diversidad Biológica
y Paisajística (“œPEBLDS” por sus siglas en inglés) del Consejo de Europa. Los
gobiernos europeos se han comprometido a identificar los sistemas AVN para
el año 2006 y a tomar medidas para apoyar su viabilidad económica y
ecológica para el 2008 (Consejo de Europa, 2004).

La política agraria también concede cada vez más importancia a dichos
sistemas. Las directrices preparadas por la Comisión Europea para guiar a los
Estados Miembro en la elaboración de sus Estrategias de Desarrollo Rural
(Comisión Europea, 2006) señalan que (1):
“œLos sistemas agrarios de gran valor natural, importantes para la preservación
de la biodiversidad y de los habitats, la protección del paisaje y la calidad de los
suelos, suponen entre el 10 y el 30 % de la superficie agrícola total de la
mayoría de los Estados miembro.”

El documento establece los sistemas AVN entre las prioridades para el Eje 2
del nuevo Reglamento de desarrollo rural (FEADER):
“œEl Eje 2 consta de medidas destinadas a proteger y mejorar los recursos
naturales así como a preservar los sistemas agrarios y forestales
tradicionales de gran valor medioambiental (“¦)”
“œlos recursos que se asignen al eje nº 2 deben utilizarse en tres ámbitos
comunitarios prioritarios: biodiversidad y preservación de los sistemas
agrarios y forestales de gran valor medioambiental, agua, y cambio
climático.”

1. DECISIÓN DEL CONSEJO sobre las directrices estratégicas comunitarias de desarrollo rural (Períodode programación de 2007″2013). 20/02/2006.

4. La situación de los sistemas de Alto Valor Natural
(AVN) en España

España destaca por las extensas superficies que acogen sistemas agrarios y
forestales AVN. De hecho, gran parte de las áreas de secano y de montaña
podrían considerarse actual o potencialmente AVN. Los datos de la Agencia
Europea de Medio Ambiente (AEMA) indican que España podría ser el Estado
Miembro que más superficie de alto valor natural posee en la UE, y ello
constituye una especial responsabilidad en cuanto a la consecución de los
objetivos europeos anteriormente mencionados.

La dehesa es uno de los sistemas AVN más extendidos y emblemáticos de la
península ibérica, cuya gran superficie explica, en parte, la alta presencia de
AVN mostrada en el suroeste español del mapa elaborado para la AEMA (ver
abajo).

Desgraciadamente, también hay que señalar que España es uno de los
Estados Miembro que menor uso ha hecho hasta ahora de las medidas de
desarrollo rural para el mantenimiento de los sistemas AVN, tal y como señala
la Agencia Europea de Medio Ambiente en su reciente informe (AEMA, 2004).
Además, un estudio del WWF identifica una serie de problemas en la
programación española que van más allá del poco uso de medidas (Beaufoy et
al, 2005). En el mismo se señala especialmente la falta de un análisis
coherente de problemas y valores, y de concreción de objetivos, sobre todo en
materia medioambiental.

Las organizaciones promotoras del presente informe creen que, dada su
excepcional presencia en España y su enorme importancia en cuanto a
objetivos medioambientales europeos, los sistemas AVN merecen un
tratamiento particular y específico dentro de la programación española de
desarrollo rural. Dicho tratamiento debe incluir la identificación de los
principales usos AVN, un análisis de sus valores y tendencias, y la elaboración
de objetivos concretos para cada sistema.

Como se ha mencionado anteriormente, el presente documento tiene como
objetivo la presentación de una propuesta sobre cómo incorporar uno de estos
sistemas, la dehesa, en los programas españoles 2007-13. Se hace especial
hincapié en Extremadura y Andalucía, regiones con mayor superficie de
dehesas y en las que hemos enfocado este documento, por disponer de mayor
cantidad de información. El concepto básico que se presenta puede y debe
también aplicarse a todos los principales sistemas AVN presentes en territorio
español.

5. La dehesa: aprovechamientos económicos y valores
naturales

Como señalan Lavado Contador et al, existen multitud de definiciones del
término “œdehesa”: puede hacer referencia tanto a un ecosistema seminatural,
como a un tipo de gestión humana sobre un ambiente, o a un modo de
explotación de dicho sistema.

Campos Palacín (1992) define la dehesa como “œun sistema agroforestal cuyos
componentes leñosos, pascícolas, ganaderos y agrícolas interactúan
beneficiosamente en términos económicos y ecológicos en determinadas
circunstancias de gestión”, no obstante, advierte que las “œcircunstancias
actuales” predominantes son las degradantes del suelo y la vegetación, debido
a que priman los intereses económicos.

En este documento se utiliza el término dehesa en su sentido más amplio, para
referirse a un complejo de usos del suelo muy extendido en el oeste y suroeste
español y cuyas características comunes son el pastoreo extensivo y la
presencia de arbolado. Dentro del conjunto de usos, estas características se
manifiestan en formas variadas, dando lugar a situaciones que van desde el
bosque mediterráneo relativamente cerrado y pastoreado ocasionalmente,
pasando por la “œtípica” dehesa de pastizales con un arbolado abierto, hasta
tierras de cultivo donde el arbolado se ha reducido a un “œsalpicado” de encinas
de muy baja densidad.

Aunque el aprovechamiento principal de la dehesa es la ganadería en sus
varias formas (ganado bovino, ovino, caprino y porcino), ésta se combina con
otras actividades, como el cultivo de cereales (normalmente para forraje y para
combatir la invasión del matorral sobre los pastos), la extracción de corcho y
leña, y la caza. También la actividad de observación de la naturaleza empieza
a tener cierta relevancia en algunos lugares con presencia de especies
emblemáticas, aunque de momento es una actividad bastante puntual.

Tradicionalmente, la dehesa tenía un uso mixto agro-silvo-pastoral. Hoy día se
tiende más a la especialización, y el peso de cada aprovechamiento varía
según la zona y la explotación; puede predominar el ganado (a veces mixto,
pero cada vez menos), el corcho, la caza, etc., dependiendo del caso.

Cada uno de los habitats que componen la dehesa manifiesta importantes
valores naturales y dichos habitats representan, en su conjunto, un ecosistema
de altísima biodiversidad. Además, en las fincas de dehesa es típico encontrar
un mosaico de habitats ya que los usos que en ella existen, no se extienden
uniformemente por todo el territorio de la propiedad. La dehesa como tal está
incluida en el Anexo 1 de la Directiva Habitats, junto con varios de los habitats
forestales y acuáticos presentes dentro del complejo de usos

La gama de especies de importancia europea presentes en zonas de dehesa
es muy amplia. Quizás las más emblemáticas y conocidas sean las aves (por
ejemplo, Águila imperial ibérica, Cigüeña negra, Grulla común, Elanio azul) y
grandes mamíferos como el Lince ibérico. Este último tiene hoy día una
población muy mermada, pero las administraciones españolas están
comprometidas por la Directiva Habitats a recuperar la población que existía en
los años 80. Según el Plan Forestal de la Junta de Extremadura, el hábitat
potencial del lince en esta Comunidad Autónoma alcanza las 770.000
hectáreas (Junta de Extremadura, 2003).

Además de sus habitats y especies de importancia europea, y sus valores
económicos y sociales, la dehesa aporta a la sociedad una serie de beneficios
o “œservicios”, entre ellos:

– Reducción del riesgo de grandes incendios asociados con el entorno
forestal,

– Conservación de suelos y de recursos hídricos,

– Prevención de desertización en zonas de riesgo,

– Absorción de CO2,

– Recurso para el ocio y el turismo de naturaleza,

– Fuente de alimentos de calidad,

– Conservación de patrimonio agro-cultural (pastoreo, trashumancia, etc.).

6. Problemas actuales de conservación en la dehesa

Un uso sostenible de la dehesa debe integrar la viabilidad socioeconómica de
sus aprovechamientos con la conservación de sus habitats, especies y otros
recursos naturales. El presente documento se centra principalmente en la
conservación de valores naturales, entrando en menos detalle en aspectos
socioeconómicos, dado que lo primero es el punto débil de los actuales
programas de desarrollo rural, y reconociendo en cualquier caso que
conservación de dehesas y viabilidad socioeconómica son inseparables.

Quizás los problemas medioambientales más ampliamente reconocidos de la
dehesa sean la “œseca” (deterioro y muerte de encinas y alcornoques producidos
por una combinación de varios factores bióticos y abióticos), y la falta de
regeneración del arbolado.

Ambos problemas tienen, obviamente, repercusiones económicas claras y si no se actúa urgentemente para remediarlos, podríamos asistir a una pérdida masiva del arbolado de las
dehesas en los próximos años. Los actuales programas de desarrollo rural de
Extremadura y Andalucía hacen referencia a ambos problemas, achacando la
falta de regeneración a una sobrecarga ganadera.

Según Hernández (1996), las densidades actuales del arbolado en las dehesas
extremeñas se sitúan en el orden de 10-40 pies de encina por hectárea,
cuando lo recomendable desde el punto de vista ecológico y económico sería
cerca del doble. Así, por ejemplo, la densidad media de arbolado adulto en la
dehesa debe ser de unos 60 pies/ha, según Olea y San Miguel (2006), cifra a la
que habría que añadir los pies que no han alcanzado la edad de madurez.

Se puede concluir que, en general, el arbolado de la dehesa actualmente dista
mucho del estado de conservación favorable requerido por la Directiva
Habitats, y que el modelo de gestión actual no es sostenible a largo plazo.

Sin embargo, la densidad y estado del arbolado no es el único tema que
requiere atención si se quiere conseguir un uso sostenible de la dehesa
garantizando la conservación de sus valores naturales. El estado de
conservación actual de varias especies de fauna muy vinculadas a la gestión
de la dehesa también es insatisfactorio.

Por ejemplo, la mayor población española de Cigüeña Negra es la de
Extremadura, donde su ciclo de vida está íntimamente ligado al alcornocal.
Expertos en dicha especie han señalado un cambio en el modelo actual de
gestión del alcornocal como uno de los requisitos para recuperar la población,
actualmente catalogada como “œen peligro de extinción”.

Acciones como los desbroces mecanizados (la principal actividad financiada por las medidas forestales en Extremadura) cerca de sus lugares de nidificación, son una de las
causas principales del declive de la especie (Pizarro, 2004).

A continuación se mencionan las principales prácticas de gestión o
aprovechamiento que influyen en la sostenibilidad ambiental de la dehesa:

1) Sobrepastoreo:

aunque en general la carga ganadera en las dehesas es extremadamente baja comparada con las cargas comunes en otras partes de la UE, muchas personas consultadas hacen referencia al fenómeno de las cargas excesivas, y a sus efectos perjudiciales para la regeneración del arbolado, y también para el buen estado de conservación del hábitat. Además de la carga total de ganado en una dehesa, otros factores claves parecen ser:

– El ganado está presente durante todo el año, cuando tradicionalmente
se practicaba la trashumancia y por tanto los animales estaban ausentes
durante los meses de verano cuando el recurso pascícola es menor.

– Las vallas han sustituido al pastor en muchas explotaciones, con la
consecuencia de que el ganado pastorea libremente en lugar de ser
guiado de manera controlada.

– El ganado vacuno ha ido sustituyendo al ovino y caprino. Las vacas son
especialmente dañinas para los árboles pequeños, sobre todo en verano
cuando faltan otros recursos pascícolas.

– En general, no se maneja el ganado en la dehesa de manera que
favorezca la regeneración del arbolado (por ejemplo, acotando zonas
durante varios años).

– Los planes de ordenación y gestión pastoral o silvopastoral son
prácticamente inexistentes en las dehesas españolas.

2) El laboreo:

para sembrar cultivos herbáceos (principalmente para producir
cultivos forrajeros) y, al mismo tiempo, “œlimpiar” la maleza tiene el efecto de
frenar o impedir la regeneración:

– El paso del arado, o de la grada, para desbrozar elimina los árboles
nuevos.

– El arado daña las raíces superficiales de los árboles y puede contribuir a
“œla seca”.

– El laboreo que antes se realizaba cada 3-10 años, ahora se realiza más
a menudo (anualmente) debido a la intensificación de la agricultura
promovida por la PAC.

– Sin embargo, los cultivos en la dehesa no son perjudiciales en sí
mismos: también contribuyen a la diversidad del ecosistema y pueden
favorecer a ciertas especies (p. ej., el anio azul).

3) La selvicultura y las actividades forestales:

son necesarias para mantener los aprovechamientos y el arbolado, sin embargo se perciben ciertas prácticas inadecuadas y algunas altamente dañinas para el hábitat y sus especies, por ejemplo:

– El desbroce mecanizado de grandes superficies puede causar
importantes molestias a especies como la Cigüeña negra y el Lince
ibérico, además de provocar erosión del suelo.

– Aunque un desbroce realizado en turno y manera adecuada reduce la
competencia arbolado-matorral por agua y nutrientes y disminuye el
riesgo de propagación de incendios, si al desbroce no le sigue una
gestión adecuada del área (siembra de cereal o pastos para reducir el
tiempo y superficie de suelo desnudo, pastoreo adecuado, etc.)
generalmente se ha de recurrir a desbroces continuados e intensos que
pueden dar lugar a pérdidas de vigor importantes en el arbolado.

Por otro lado, está comprobado que la presencia de una cierta cobertura
de matorral favorece la supervivencia de las plántulas en los primeros
años de vida frente a las sequías estivales y el diente del ganado.

– Las podas y la extracción de corcho también pueden causar molestias a
la Cigüeña negra, Buitre negro y al Águila imperial ibérica cuando se
llevan a cabo en árboles ocupados por sus nidos o cerca de ellos en
épocas inadecuadas.

– Las podas excesivas o mal ejecutadas (para leña o carbón vegetal)
dejan los árboles debilitados y más vulnerables frente a posibles factores
externos como plagas y enfermedades. Si bien la necesidad de las
podas de formación al comienzo de la vida del árbol no se pone en
duda, los ensayos realizados hasta la fecha sobre podas de
mantenimiento no demuestran sus efectos en la mejora de la
fructificación. Además, existe una carencia de personal cualificado para
realizarlas. Por tanto, estas podas son discutidas y cuestionadas en el
ámbito científico y técnico, muy especialmente en momentos como los
actuales en los que se observa un progresivo deterioro de las masas de
Quercus.

– El descorche también es una práctica que supone un estrés para el árbol
(aumenta la pérdida de agua a través de la superficie descorchada) y
aumenta la susceptibilidad a plagas y enfermedades a través de las
heridas y las herramientas utilizadas si la operación de descorche no se
realiza de una manera adecuada.

– La manera más extendida de “œregenerar” el arbolado es mediante
plantaciones, que se realizan muchas veces con eliminación de la
vegetación existente (sobre todo matorral), en lugar de favorecer la
regeneración natural con sus beneficios para la comunidad de flora y
fauna, para los suelos y para el equilibrio de CO2.

4) La caza:

la tendencia hacia la gestión de la dehesa para favorecer sus
recursos cinegéticos conduce a importantes cambios en el hábitat:

– En algunas fincas cinegéticas se mantiene una carga excesiva de caza
mayor, lo que afecta a la calidad del hábitat, impidiendo, por ejemplo, la
regeneración del arbolado.
– Los vallados pueden constituir una importante barrera para la fauna
silvestre, cuando sustituyen a muretes tradicionales de piedra seca
además de tener un gran impacto paisajístico.

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De: I D E A A
Fecha: 29 de septiembre de 2006
Asunto: Re: dehesa 2007- 2013. Informe WWF

Querríamos hacer unos comentarios a algunas aseveraciones hechas en la página 9, en el punto 3 “selvicultura”, que no se corresponden a nuestra experiencia:

– En el segundo párrafo dice el informe que el “desbroce…….. reduce la competencia arbolado – matorral”.

Es contradicho por Montoya Oliver (Encinas y Encinares, 1993) que escribe que “el matorral no interfiere gran cosa con la encina, especie frugal bien dotada de microrrizas” y que aporta los siguientes beneficios (lo cual asevera nuestra experiencia):

* mulle y protege el suelo,

* mejora por tanto la aireación edáfica,

* mejora la recarga de agua de profundidad,

* retiene los nutrientes en el suelo,

* protege el regenerado de los bosques frente a
-la insolación
-los vientos solanos
-el diente animal.

Este última virtud está de acuerdo con los párrafos 3 y 7 del mismo punto 3, que de hecho suponen unas importantes matizaciones al segundo párrafo; también lo es el párrafo 2 de la página 10, referido a la regeneración del arbolado.

Montoya acaba escribiendo ” el matorral es más bien un asociado de la encina que su competencia”. Me parece importante insistir en esta cuestión dados los no pocos problemas de erosión que se dan en la dehesa.

También hay que considerar que es fácil que muchos propietarios entiendan como matorral a desbrozar las nuevas encinas que nacen al amparo de la ya crecida.

– En el párrafo 5 del mismo punto 3, referido a la poda se hacen tres aseveraciones:

* “Las podas excesivas………….. dejan los árboles debilitados y más vulnerables frente a posibles factores externos, como plagas y enfermedades”.

En realidad no son “posibles” sino seguros, porque no se trata tanto de plagas como de hongos que encuentran la combinación agua/encina perfecta para su proliferación. Lo mismo se pueden decir de los insectos, como cierto tipo de escarabajos y hormigas. Corresponde al principio por el cual el ser vivo debilitado viene inmediatamente a ser presa de otros seres vivos.

* “Si bien las podas de formación al comienzo de la vida del árbol no se ponen en cuestión……..”.

No se explica el por qué, pero quisiera argumentar que, como también escribe Montoya Oliver, antes de podadores ya había encinas, y la poda, ya sea de formación como de mantenimiento, causa los efectos antes descritos -salvo que sea “gentilísima” y no quite más que ramas de escaso diámetro en plantas muy jóvenes, en cuyo en caso la encina puede conseguir cerrar la herida en tiempo. La poda de formación se hace para obtener un determinado tipo de adehesamiento y para la obtención de más fruto, y esto es objeto de la siguiente aseveración y comentario.

* “….. los ensayos realizados hasta la fecha sobre podas de mantenimiento no demuestran sus efectos en la mejora de su fructificación”.

La intención de esta poda es, al igual que con el olivo, permitir que las ramas colgantes, que dan más fruto, reciban más luz del sol y así lo aumenten. Que se da este resultado lo argumentan T.Plieninger, C. Wilbrand (2001) y también Montoya (1993). Nosotros no hemos hecho experimentos, sin embargo es improbable que se haya hecho gratuitamente, sin conseguirse nada, durante mucho tiempo.

Los estudios de Francisco Mª Vázquez Pardo (Junta Extremadura) le ha echo concluir que se consigue un aumento momentáneo del tamaño de la bellota, aunque esta ventaja se ve sobrepasada por los daños.
Desde nuestro punto de vista la gestión de la carga ganadera (no tan importante la cantidad como las especies de ganado y el tiempo que están en cada zona) ha de ser tal que la poda no sea necesaria, pues ésta implica la muerte muy prematura de la encina (por no mencionar la heterodoxa sensación de “sufrimiento” que transmiten las encinas podadas, que se desarrollan con formas ajenas a su naturaleza). Para ello está la vía de subvenciones que propone WWF, o/y el desarrollo de un modelo económico nuevo. En cualquier caso es importante hacer saber que la poda no es necesario para el árbol en sí, creencia muy extendida.

Mencionar, por último, que el sembrar cereales o cualquier monocultivo (2. El Laboreo) nos parece que necesariamente provoca una drástica reducción de la biodiversidad al desaparecer la variadísima flora natural y por tanto la vida animal vinculada a ella (aunque alguna especie concreta pueda beneficiarse). Además es muy fácil que el uso de maquinaria pesada cause compactación en el suelo, y por tanto menor filtración y mayor erosión: prácticamente todo terreno válido en España para agricultura ha sido ya desmontado, por lo que la dehesa se mantiene en suelos que sin el arbolado y el matorral es muy frágil.

Iñigo Alvarez de Toledo, MSc

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