Se acusa a Monsanto de aprovecharse de la “Crisis de la Tortilla” mejicana

Ciudad de México, 22/1/2007, (Ecoestrategia).- En el marco de la crisis de la tortilla, la transnacional Monsanto quiere llevar agua a su molino, promoviendo sus maíces transgénicos como “œsoluciones” y aprovechando la complicidad de algunos funcionarios, denunció Greenpeace en México.

“œLos beneficios que promete Monsanto son falsos, los ha venido repitiendo desde hace 20 años para imponer su tecnología patentada en nuestro país. Pero lo más grave es que el secretario Alberto Cárdenas los repita y se comporte como agente de ventas de esa empresa”, aseguró Areli Carreón, de la campaña de transgénicos de Greenpeace México.

Los ecologistas consideran que a la errónea decisión de incrementar las importaciones de maíz procedentes de Estados Unidos, ahora se suma el hecho de que Alberto Cárdenas, secretario de Agricultura y promotor de transgénicos, ha comenzado a hacer afirmaciones sin sustento científico para impulsar la siembra de los maíces transgénicos en México. Y al lado del funcionario, Monsanto aprovecha la actual crisis en el precio de la tortilla para nuevamente presionar para que se aprueben sus solicitudes para sembrar maíz transgénicos en México, centro de origen y diversidad de dicho grano.

Greenpeace niega que las semillas transgénicas son la solución de fondo para aumentar rendimientos y abastecer el mercado nacional de maíz, puesto que la producción de maíz en México no es insuficiente, a pesar de las políticas públicas de los últimos sexenios, que han sumido al campo en una crisis. En 2006 México produjo 22 millones de toneladas de maíz blanco, de las que por lo menos 2 millones eran excedentes. La actual crisis de los precios es especulativa pues no se debe a falta de producción.

Un reporte de 2006 del propio Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) reconoció que los rendimientos de los transgénicos no son mayores a los de las variedades híbridas convencionales, en tanto que diversos estudios demuestran que los transgénicos presentan rendimientos más bajos que las variedades convencionales de maíz bajo condiciones de sequía, al tiempo que incrementan el uso de agrotóxicos.

Asimismo, la organización ecologista desmiente que para producir más en la misma superficie se requieren semillas transgénicas, ya que para producir más se requiere inversión en la infraestructura de riego, el uso de variedades de maíz adaptadas a las distintas condiciones de suelo y clima y un programa de apoyo técnico y financiero a los productores, el problema no son las semillas. Las semillas transgénicas requieren condiciones de producción que no se dan en la mayor parte del territorio nacional, como son la siembra en grandes superficies planas e irrigadas de monocultivo, con alta tecnificación y capacidad de inversión en un paquete tecnológico.

En cuanto a la falacia de que se requieren semillas transgénicas que resistan plagas y cambios climáticos, Greenpeace responde que en el mundo sólo existen tres tipos de transgénicos a escala comercial: los que producen insecticida Bt para insectos lepidópteros y el gusano de raíz; los que toleran mayores cantidades de herbicida y los que presentan ambas modificaciones. Los transgénicos no son semillas mágicas: no controlan todas las plagas y de hecho, ni siquiera son viables bajo las condiciones de producción características de México.

De acuerdo con el estudio Maíz y Biodiversidad, ninguno de los transgénicos existentes resuelve los problemas del campo mexicano ni “œresponden a las necesidades más urgentes de los campesinos mexicanos”. No existe un sólo transgénico comercial que resista a la sequía o que responda a los cambios climáticos. Las semillas mejor adaptadas para tolerar sequías, cambios del clima y estrés ambiental son precisamente las variedades nativas de maíz, del que México es centro de origen y biodiversidad, de ahí la urgencia de proteger esta riqueza genética libre de riesgos y libre de patentes corporativas.

De acuerdo con el investigador Antonio Turrent, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), en los próximos 20 años con una correcta política agrícola de inversión en el campo, México tiene potencial para producir hasta 40 millones de toneladas anuales sin utilizar transgénicos, ni poner en riesgo las variedades locales y garantizando la soberanía alimentaria.

“œLos transgénicos son rechazados en México porque se desconocen qué efectos nocivos pueden tener en la salud de los consumidores y en el medio ambiente, porque su uso pone en inminente riesgo de contaminación a las variedades mexicanas; porque asegura la dependencia alimentaria de nuestro país hacia corporaciones extranjeras como Monsanto, ADM y Cargill y porque significa un mayor empobrecimiento de los campesinos mexicanos. Antes que promover los negocios de estas transnacionales, el secretario Cárdenas debe proteger los intereses y el patrimonio de los mexicanos”, concluyó Carreón.

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