La Isla de Mallorca se Declara Libre de transgénicos

Madrid, 9/12/2006, (Ecoestrategia).- Mallorca aprobó una moción que la declara libre de transgénicos. El pleno del Consell añadió así la Isla de Mallorca a las regiones españolas ya declaradas libres de transgénicos, en particular la Isla de Menorca y las 172 regiones europeas que, de una forma u otra, prohíben o restringen la presencia de transgénicos en su territorio.

Desde hace un año, la organización Amigos de la Tierra viene liderando la Plataforma Mallorca Libre de Transgénicos, formada por 11 entidades cívicas. El trabajo realizado por dicha Plataforma ha sido decisivo para que el Consell de este paso.

Según Sandy Hemingway, presidenta de Amigos de la Tierra y coordinadora del grupo local en Mallorca, “œLa declaración de Mallorca libre de transgénicos es un paso importante para frenar estos cultivos en la Isla y para asegurar el futuro de una agricultura de calidad. Es el momento de reiterar nuestro llamamiento para que las Islas Baleares sean declaradas libres de transgénicos.”

El Consell de Mallorca considera que esta decisión está plenamente justificada tanto en el contexto europeo como nacional. La Unión Europea permite en la actualidad el cultivo de maíz modificado genéticamente y podría dar pronto su visto bueno a la siembra de otros organismos modificados genéticamente. Precisamente en estos días se está debatiendo la autorización de una patata transgénica para su cultivo comercial, lo que significaría un grave riesgo de contaminación de las patatas no transgénicas, tal y como está ocurriendo con el maíz.

En cuanto a España, es el único país de la Unión Europea en permitir el empleo de variedades modificadas genéticamente a gran escala, cuando otros países del entorno optan por imponer prohibiciones nacionales sobre este tipo de semillas.

Los ecologistas consideran además que las condiciones en las que se realiza el cultivo de maíz transgénico en el país son pésimas: contaminación cotidiana de cultivos y alimentos convencionales y ecológicos; falta de información y transparencia, en particular a los agricultores y consumidores; desinterés total por parte de los poderes públicos en detectar y prevenir los efectos negativos de estos cultivos, entre ellos los impactos sobre el suelo, la biodiversidad y la salud humana; y el incumplimiento fragrante de la normativa europea en materia de etiquetado.

En este sentido, la única forma para las regiones o municipios de preservar su agricultura y su entorno frente a los riesgos de estos cultivos es declararse zona libre de transgénicos.

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