Las manos privadas de Natura 2000

Luis Mariano González
10 / II / 2007
Natura

La pérdida de biodiversidad está considerada, junto al cambio climático, la desertificación y los incendios, como una de las más serias amenazas para el entorno natural y estado del bienestar europeo. Para luchar contra ello, uno de los instrumentos más potentes que tiene la Unión Europea es la denominada red Natura 2000, emanada de una Directiva comunitaria. España, con unos 12 millones de hectáreas (casi un 25% de la superficie nacional), es el país europeo que más contribuye a esta red. Nuestro primer puesto en esta lista medioambiental de Europa supone un éxito del que debemos estar orgullosos todos los españoles.

Una explicación de ello reside en una característica diferencial de la red Natura 2000 española: su carácter mayoritariamente privado. Esta circunstancia esencial es debida a que los valores naturales sobresalientes que alberga son en gran parte el resultado de muchos años de gestión cuidadosa, paciente y, generalmente, poco rentable de los propietarios particulares de estos terrenos. Para ello y para conocer y divulgar estas prácticas de buena gestión medioambiental, la Fundación CBD-Hábitat comenzó en 1999 un proyecto, apoyado con fondos LIFE, que incluía la recogida de esta información en forma de un manual de buenas prácticas para la gestión de las fincas de monte mediterráneo. El proyecto tuvo el concurso activo de los propietarios, gestores y guardería de estas fincas, que aportaron sus conocimientos y experiencias, a veces atesorados, para la elaboración del manual; destacando, por ejemplo, la contribución de los propietarios que forman parte de la Fundación de Amigos del Águila Imperial. El manual, recientemente reeditado por el Ministerio, pone además de manifiesto que los usos y aprovechamientos de estos terrenos son la base del cumplimiento de los objetivos de Natura 2000.

Sin embargo, percibo últimamente en estas propiedades una grave preocupación sobre las limitaciones que en la gestión y aprovechamientos de sus tierras les está suponiendo haber sido incluidos en Natura 2000; más aún cuando reciben subvenciones y ayudas públicas (por ejemplo de la PAC), para realizar actividades justamente para lo contrario. Y, en cambio, apenas reciben nada para contribuir al mantenimiento de Natura 2000. Por ello y por el propio interés de la sociedad, resulta necesario resolver esta contradicción y que las limitaciones de Natura 2000 se vean compensadas con generosidad por otras medidas; con las que la existencia en los terrenos privados de, por ejemplo, especies amenazadas como el lince o el águila imperial, resulte una ventaja o un beneficio en vez de una molestia o causa de pérdida de renta.

Por ello, si no queremos que las propiedades particulares rechacen su inclusión en Natura 2000 y dejen de contribuir a su mantenimiento, con lo que el éxito alcanzado se malograría inútilmente, la sociedad, como principal beneficiaria, debe reconocer esta contribución y la Administración medioambiental española como responsable, debe apoyar, de forma valiente y decidida, esta iniciativa privada de interés general y no dejar que por ineficiencia o miopía perdamos ese primer puesto medioambiental europeo, bien merecido.

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Luis Mariano González es técnico del Servicio de Especies Amenazadas del Ministerio de Medio Ambiente.

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