La Fundación Félix Rodríguez de la Fuente promueve un proyecto pionero de desarrollo rural en el norte de Cáceres

El hombre y la tierra

Pedro Cáceres | Acebo (Cáceres)

Un visionario. “El hombre forma parte de la naturaleza. El hombre está integrado en los ecosistemas, sobre todo en los ecosistemas europeos, de viejas civilizaciones, de tal manera que es absolutamente imposible hablar de la naturaleza y la ecología sin hablar también del hombre. Si en cualquier región de España o de Europa se quiere hacer un parque natural, no hay que tomar como modelo los parques naturales norteamericanos o africanos, que se declararon cuando prácticamente no había llegado el hombre. Eran entidades de las que si el hombre se iba no pasaba nada. En nuestros espacios no. Aquí debe quedarse. Los aprovechamientos que el hombre ha venido haciendo en zonas de montaña durante siglos, si queremos conservar la entidad del ecosistema, deben ser mantenidos, promocionados e incluso primados. Nuestros parques deben ser parques con el hombre dentro”. Quien así se expresaba, hace décadas, era Félix Rodríguez de la Fuente.

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Sentado junto a los robles de un cruce de caminos de una de las comarcas españolas más atractivas para el turismo rural y a la que no dejan de llegar personas que huyen de la ciudad para instalarse a vivir, no puedo evitar hacerle una pregunta al alcalde de uno de sus pueblos: “¿Quién cuida la naturaleza?”. La respuesta es obvia: “Los paisanos, naturalmente. Nosotros somos los que hemos estado siempre aquí”.

En el más perfecto de los mundos, la conversación acabaría aquí. Pero resulta que, incluso la Sierra de Gata, un bucólico paraíso de montes entre Cáceres, Salamanca y Portugal, no es ajena a los males que aquejan al medio rural español: la despoblación, la pérdida de rentabilidad y el abandono de las actividades tradicionales, sustituidas por la nada o por nuevos usos más agresivos para el entorno.

Valentín Porras e Ignacio Márquez, presidente y gerente respectivamente de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Gata, trabajan desde hace años en invertir esos procesos, comunes a todo el agro español, y han conseguido avances. La comarca, por ejemplo, es una de las zonas rurales españolas que menos población pierde, pero aun así el crecimiento está estancado o a la baja. La ganadería extensiva, que mantenía limpios los montes, disminuye. Las repoblaciones de pino de hace décadas, que acabaron con el monte original que daba producciones más diversas, se llenan de maleza, son campo para las llamas y no generan actividad maderera reseñable.

La población envejece, los usos se pierden, el campo ofrece menos alimento para la fauna salvaje y esta tierra, que fue lugar de linces hasta hace nada, y que lo es todavía de buitres y águilas, ve cómo languidecen a la vez tanto el hombre como la tierra.

Y hay que recordar que esta comarca no es la peor, sino que marcha relativamente bien y es foco turístico por sus paisajes. Quizá por ello, porque estando bien no está ni mucho menos sana, y porque sirve de ejemplo perfecto de los males rurales de la España del XXI, la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente ha iniciado aquí su primer proyecto piloto de Convergencia entre el Mundo Rural y la Naturaleza, llamado RUNA. Cuenta para ello con el apoyo de La Consejería de Desarrollo Rural y Agricultura de Extremadura.

Además, como explica Dionisio Romero, director del proyecto piloto, la Fundación se ha aliado con la Mancomunidad de Municipios, que engloba a 22 núcleos urbanos y 25.000 habitantes. La Red Extremeña de Desarrollo Rural y organizaciones como Aprocaex, Adenex y Adisgata colaboran en el proyecto, así como los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente. Según Dionisio Romero, “se trata de pasar de la confrontación al consenso para devolver la custodia del territorio a los habitantes, que en las últimas épocas han sido separados y apartados por el ecologismo urbano y por la administración” de esa labor secular. La Fundación pretende “retornar el prestigio al mundo rural” y reconocer la función de agricultores y ganaderos como gestores y productores de biodiversidad.

El programa se estructura en tres pilares, el socioeconómico, el antropológico-cultural y el de biodiversidad. En el primero de ellos, una de las primeras iniciativas es la puesta en marcha de una escuela de pastores. Ante el abandono de la ganadería, que cumplía una importante función en el ecosistema, la Fundación aboga por formar a los productores con las mejores técnicas para dar valor añadido y calidad a la producción quesera. Al mismo tiempo, los nuevos pastores tendrán una sólida base de gestión ambiental para desterrar malas prácticas. De hecho, sus ganados, bien conducidos, deben ser la mejor herramienta antiincedios. Y así deben ser reconocidos por la administración.

En el campo cultural, el equipo de Dionisio Romero, del que forman parte personas de la comarca que ya trabajaban en el área del desarrollo rural, pretende crear un archivo digital llamado Memoria del Olvido, grabando y rescatando “el conocimiento de los más ancianos antes de que se pierda”. Se refieren especialmente a su conocimiento de la naturaleza y a su saber como gestores. A las cintas de vídeo habrá que acudir en el futuro para recordar cómo era esta tierra y cómo solucionaban los problemas quienes habían aprendido a hacerlo durante milenios.

Por último, está la conservación de la biodiversidad como algo imbricado con los usos tradicionales. La permanencia de las especies salvajes será el indicador de la buena calidad del paisaje, del territorio y de las tareas humanas que se dan en él. Así, el buitre negro, que tiene aquí una de las mayores colonias del mundo, no puede entenderse sin el ganado, que es fuente de su dieta. El buitre negro será, según Romero, “el activo visible” de la Sierra de Gata. Si alguien compra un queso, sabrá que detrás hay un paisaje, unas personas y unas especies beneficiadas de una nueva alianza para la conservación de la naturaleza y para la dignificación de la vida rural. Para ello, la Fundación apoyará a otros actores que ya están trabajando en el territorio para la conservación de las especies.

Un “activo invisible” será el lince, que habitaba aquí hace pocos años y que va a tener un centro de cría en cautividad en la comarca cercana de Granadilla. Restaurar el entorno y recuperar la trama de usos del suelo que beneficiaban a la especie puede ser el objetivo a largo plazo de una tierra que aspira a instalarse en el siglo XXI con un nuevo concepto de conservación que rompa el desencuentro entre el hombre y la tierra.

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www.felixrodriguezdelafuente.com

EN LA RED

Foro virtual. A partir de noviembre, la Fundación Félix lanzará un “seminario virtual” en internet para que participen los que tengan algo que decir en temas rurales y de conservación de la naturaleza y que servirá de centro de documentación abierto sobre la cuestión. En la plataforma www.ruralnaturaleza.org colaboran el Observatorio de la Sostenibilidad de España, el Ministerio de Medio Ambiente, el de Agricultura y entidades públicas y privadas.

RUNA

Piloto. El proyecto piloto de la Sierra de Gata, para la convergencia entre el mundo ‘RUral’ y la ‘NAturaleza’ (RUNA), es el primero de los que la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente quiere poner en marcha en diversos lugares de la Península. Para ello, colabora con la administración central, diversas comunidades autónomas, diputaciones, municipios, organizaciones agrarias, asociaciones conservacionistas y empresas privadas.

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